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El pésimo ejemplo de Djokovic

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La conducta del deportista de élite y altísimo rendimiento Djokovic, quien se ha negado a vacunarse, ha acaparado la atención del mundo. Me parece injusto que esa actitud dañina para él, su familia, su país y el deporte que representa haya tenido tanta repercusión. En todas partes, en todos los ámbitos y espacios sociales aparecen los “Djokovic”, que en Colombia tiene la versión más criolla en el “usted no sabe quién soy”.

Existen muchos casos parecidos, como el de profesionales con un alto rendimiento en su área del conocimiento y que llegan a tener un relativo respeto, que más bien debía denominarse miedo. Médicos hábiles y admirables en su campo de especialidad, lo cual los hace sentir como dioses y el derecho a tratar a todo el mundo con desprecio y prepotencia, tanto a sus pacientes como a familiares, sin importar que tienen a su mando médicos internos en formación; ingenieros que tratan a las patadas a los obreros y los obliga a aguantar con tal de llevar el pan de cada día; jefes administrativos, a veces son los que dominan las finanzas, que ni siquiera miran a los ojos de sus subalternos, enfermeras con maestrías y especializaciones con una sensibilidad por los suelos, pero que son buenas en su quehacer; militares que tratan a un nivel de tortura a soldados y policías bajo sus órdenes… y así en todas las profesiones y oficios.

Me pregunto si es justo aguantar a esta gente. Alguna vez me decían unos médicos, enfermeras practicantes y graduados sobre un especialista reconocido, a quien identificaban como un grosero de primera categoría, pero a quien también reconocían como excelente en su área. Y a su vez les dije que si les parece que sea necesario para sus vidas aguantarse a un patán. Callados, sin respuesta. Y esa es la sensación que queda con respecto a esos personajillos. Por ser hábiles en un determinado campo de acción se sienten con el derecho a portarse como les viene en gana, como Djokovic, que se creyó un dios. Pero los dioses de las diferentes mitologías no se manifestaron con caprichos, pataletas o aplastando a medio mundo por fuera y al mundo entero por dentro.

Si hay algo admirable y agradable en esta vida es encontrar gente con calidad humana, a veces con un poquito menos de habilidad que otros, pero cuya sensibilidad los convierte en ejemplos de vida en todos los campos.

Ana María Córdoba Barahona, Pasto.

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