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Parece ser que después de medio siglo el conflicto colombiano finalmente ha terminado. Después de muchos intentos a lo largo de estos años, parece ser que con los acuerdos de La Habana se logró por fin el cese definitivo. Aunque aún faltan muchos puntos por implementar, creo que lo acordado terminará por respetarse y las Farc no volverán a tomar las armas.
Hace unos días empecé a leer el famoso libro de Thomas Hobbes, El Leviatán. Una frase me llamó la atención y quiero citarla textualmente: “Porque la guerra no consiste solamente en batallar, en el acto de luchar, sino que se da durante el lapso en que la voluntad de luchar se manifiesta de modo suficiente… así la naturaleza de la guerra consiste no ya en la lucha actual, sino en la disposición manifiesta a ella”.
Y me resultó llamativa porque, considerando la situación actual del país, en eso que se ha denominado el posconflicto, recordarla podría ser muy útil. Si bien los enfrentamientos armados parece que no volverán a repetirse, la guerra (o el conflicto, si se prefiere, usando la expresión técnica para definir la lucha armada en el interior de un país) permanecerá entre nosotros por muchos años. Y se mantendrá mientras siga existiendo una predisposición, una actitud hacia el conflicto, como hoy puede observarse.
En el presente Colombia es una sociedad llena de odios, de rencores. Basta prender la televisión o conectarse a una red social y observar los términos en que se desarrolla el debate público, o la manera en que los políticos se refieren a otros políticos. Y en parte eso es consecuencia de los odios que ha generado el conflicto mismo. Después de una confrontación violenta, sea cual sea, es lógico que en los grupos y personas afectadas se produzcan sentimientos de rencor hacia aquellos que consideran culpables.
Desde esa perspectiva, pasarán muchos años antes que podamos afirmar, con acierto, que estamos en tiempo de paz. Los procesos de reconciliación son lentos y no fáciles. Para quien sufre dolores, se requiere del ánimo decidido a perdonar, de estar dispuesto a perdonar ciertos errores del pasado. Se trata de una actitud de apertura ética hacia el otro. Será fundamental la búsqueda por parte del Estado de espacios que promuevan el diálogo, el acercamiento después del dolor. También una justicia de posconflicto que tenga un sentido restaurativo y que busque la verdad. Porque esta, aunque pueda resultar dolorosa, siempre será preferible al silencio. Será importante también el trabajo en materia social que se haga en las zonas que fueron más afectadas por el conflicto, que les permita a estas comunidades un nuevo inicio con esperanzas restauradas. Todos estos procesos permitirán una superación de los odios enquistados, evitando una repetición de los hechos del pasado.
José Román. Medellín.
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