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La lectura del editorial de El Espectador en relación con el regreso a clases (presencialidad) resulta muy esclarecedora por su objetividad y sensatez, basado en razones y no emociones. En tiempos de fake news, y con un Gobierno Nacional que ha venido dándole la espalda a la resolución de los problemas más sustanciales que nos aquejan como sociedad, este tema es de crucial importancia para su tratamiento por todo lo que involucra.
Un argumento que se suele esgrimir por parte de los padres de familia que no quieren el regreso a clases presenciales es que se está privilegiando el negocio por encima de la salud de los niños. Para quienes defendemos la vuelta a la presencialidad (con todas las medidas de seguridad, por supuesto), este argumento es manido y falto de contexto. Igual, la educación es un negocio en Colombia, como la salud, pero eso sí nunca lo expresan quienes acuden a este argumento y menos aún exigen una educación pública de calidad. Se limitan a criticar la baja calidad de los colegios públicos, sin considerar que esto es producto de las políticas de gobiernos que han ignorado sistemáticamente el hecho de que mientras el Estado sea el garante de proveer este bien, la calidad será lo primero en emerger. Por el contrario, cuando se le deja al mercado la provisión de la educación, al igual que la salud, la exclusión y la inequidad son las que prevalecen. Por otra parte, no miran otro hecho recurrente de esta pandemia: el negocio que las medidas del Gobierno Nacional han privilegiado es el de las grandes superficies, entre otros. Ahí sí no se oyen las voces que defiendan la vida y, por el contrario, se ven cientos de padres con sus hijos paseando por estos sitios o centros comerciales, con cierta dejadez. Lo mismo puede decirse de las escapadas de miles de familias para pasar vacaciones, aglomeradas en centros vacacionales y/o hoteles.
La salud es también mental, y qué mal que les estamos haciendo a los más jóvenes sin posibilidad de interacción social, pues en esa etapa de la vida resulta fundamental el compartir y estar con otros. Los expertos lo han dicho. Esta posición intransigente de los padres (dogmática) impide ver que hay alternativas que permiten una presencialidad sin correr mayores riesgos para la salud. Un llamado a una actitud abierta, basada en la ciencia y no en el sensacionalismo que prima en muchos medios de comunicación.
Miguel Ricardo Landínez León.
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