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En esta feria sí hay ladrones

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‘En esta Feria sí hay ladrones’. Macondo, país imaginario invitado en homenaje al primer año de muerto del Nobel de Aracataca (1927-2014). Robar no es un acto macondiano, es una falta.

En la edición número 28 de la recién terminada Feria Internacional del Libro en Bogotá, alguien robó de una vitrina bajo llave, uno de los 8.000 ejemplares de la primera edición de Editorial Sudamericana 1967, Cien años de Soledad, firmada por Gabriel García Márquez, al librero Álvaro Castillo Granada, quien prestó tan preciada joya literaria para dicho evento.  La Feria batió récord en asistencia y ventas, pero hay que ampliar las instalaciones urgentemente, porque no hay parqueaderos, baños, restaurantes y funcionarios informados lo suficiente para tan inmensa demanda. ¿Por qué no venden abonos en la boletería?  Cada día hay que hacer interminables filas para lograr entrar a diferentes eventos. El término Macondo no puede ser un referente a un acto delictivo. Es un árbol, de ahí Gabo tomó el vocablo para crear Villa Macondo.  El fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, pidió 20 años de prisión para el ladrón del libro, mientras que delincuentes de cuello blanco, únicamente reciben condenas por tres años, otorgando finca por cárcel. En este pueblo no hay ladrones, cuento corto de García Márquez 1962, no corresponde con: En esta Feria sí hay ladrones, del realismo mágico al realismo trágico en la Filbo Bogotá 2015. Hay que aclarar que fue un caso aislado y que no es una constante. Helena Manrique. Bogotá. Desagradable impresión Queda en el ciudadano la desagradable impresión del poco interés y aburrimiento que muestra la fuerza pública para  ejercer eficazmente su labor de vigilancia y del mejoramiento en la movilidad en Bogotá.  Los vemos la mayor parte del tiempo distraídos con su aparato celular,  conversando con su compañero o con un trabajador informal. Recomendable sería que, mientras estén patrullando, el teléfono celular que poseen preste servicio solamente para hacer o recibir llamadas de emergencia. Al limitar el uso de ese juguete,  la ciudadanía vería con agrado que la dirigencia oye propuestas y aplica correctivos para el bien común de todos los habitantes de esta gran ciudad.      Franca Benavides. Bogotá. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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