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En su columna del domingo 2 de marzo de 2014 usted propone eliminar la reelección, el voto preferente, la circunscripción nacional para Senado, limitar a dos los períodos de los congresistas, “para que la política no siga siendo un lucrativo modo de vida y recupere su función de servicio público”.
Son tan buenos los políticos colombianos para torcer la ley que no creo que tales iniciativas puedan lograr que las cosas cambien en Colombia. Esto es lo que creo que pasaría si se llegaran a modificar las reglas que usted menciona:
1. Sin reelección la mermelada no dejará de existir. Sólo cambiaría de nombre (en la época de Uribe se llamaba Notaría) y la untarían para lograr, como ahora, apoyo al candidato del oficialismo. O sea, a quien escoja el partido del presidente.
2. Sin el voto preferente retornarían los “caciques políticos” de las regiones a comandar las listas de sus partidos y así seguirán siendo protagonistas los candidatos y no los partidos.
3. Sin la circunscripción nacional las multimillonarias sumas de dinero que gasta un candidato al Senado hoy en todo el país las seguirá gastando tal cual, pero en su propio departamento y le rendirá más a la hora de comprar los votos.
4. Limitar a dos los períodos de los parlamentarios no rompería con el hábito de los congresistas de heredar a sus familiares las curules del Congreso, puesto que cuando se les acaben esos dos períodos pondrán a sus hermanos, primos, tíos, etc., a ocupar el vacío que dejen, como lo hacen en la actualidad los parapolíticos.
En fin, estimada María Elvira, acuérdese de aquello que dice: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Y eso lo saben muy bien nuestros políticos. Por lo tanto, la vagabundería seguirá muy campante en Colombia. A no ser que el pueblo colombiano despierte y vote a conciencia.
Nadim Marmolejo Sevilla.
Bogotá.
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