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Espacio público

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Es inaudito, impensable, descabellado, que ahora se les haya ocurrido a los señores de espacio público en Medellín ponerles trabas a las vendedoras de flores, en los alrededores de la consentida Placita de Flores, ícono de los medellinenses y despensa pura de nuestros productos paisas como artesanías, frutas y legumbres de nuestra tierra y por supuesto de nuestras hermosas flores. Hace 20 años fue este espacio la inspiración para el más importante evento en nuestra feria, con el desfile de silleteros.

Ellas, las vendedoras de belleza, amor y decoración, son en su mayoría madres cabeza de familia, que con este exquisito oficio logran el sustento para sus hogares, bajan diariamente desde Santa Helena para iniciar labores desde las 4 a.m., pero sólo hasta las 11 a.m., están bien organizadas y para nada obstaculizan el paso peatonal y el tránsito en las calles.

Además, mantienen sus puestos de trabajo impecables, el aseo tiene el brillo propio de los pétalos que lucen a sus clientes. Ningún motivo es óbice para torpedear el trabajo de estas mujeres y privarnos a propios y turistas de disfrutar y oler la más pura y bella naturaleza que ha hecho famosa a Medellín.

Raúl Moreno Sierra. Bogotá.

Felipe Zuleta a Petro

Cuando los periodistas opinan a través de los medios de comunicación, se invoca la voz de la consciencia colectiva. No obstante, ello no siempre ocurre así. Porque hay ocasiones en que se tergiversa y manipula la información. Se incurre en flagrantes excesos que desbordan la pasión y deslegitiman la propia libertad de prensa y expresión.

Como asiduo lector y defensor del periodismo independiente y liberal que se estila en las páginas editoriales del diario El Espectador, elevo mi sentida voz de protesta e indignación frente a la columna titulada “De Petro a las Farc”, publicada y escrita el pasado 23 de marzo, de manos del avezado e inteligente periodista Felipe Zuleta Lleras.

Me parece que el periodista en su nota editorial estigmatizó y comparó de manera desmedida e injusta la actitud del exalcalde Petro, insinuando que obró con el silencio cómplice que ha caracterizado a los negociadores de la guerrilla de las Farc asentados en La Habana, dado que en su última alocución en la Plaza de Bolívar dejó de pronunciarse de igual manera sobre execrables crímenes contra miembros de la fuerza pública, escenificados por la insurgencia.

Es una postura descomedida y desafiante. Sin hesitación alguna, pone de manifiesto la inquina y el malestar que el periodista endilga a voces desde la radio y en sus editoriales, contra el destituido e inhabilitado alcalde, perdiendo de vista el crítico sentido de la objetividad.

Orlando Morales. Bogotá.

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