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Leídas con atención las propuestas del secretario de Cultura de Bogotá, comprendemos los nuevos enfoques, que buscan una mayor cercanía con los ciudadanos a partir de programas como Barrios Vivos, similar a lo que en otros lugares, bajo gobiernos progresistas, se ha denominado Cultura Viva Comunitaria. Esto permite el respaldo y apoyo a diversos procesos de la cultura y las artes, un ejercicio que las organizaciones realizan en los territorios, especialmente para los más excluidos y necesitados, con ofertas culturales que potencian sus capacidades a través del arte, trabajando desde, para y con las comunidades. También aplaudimos que se continúe con el programa CREA, que tantos beneficios ha dado a la ciudad y que el secretario Santiago Trujillo creó e impulsó desde IDARTES. Lo que no coincide con el concepto de nuevas políticas es aplaudir eventos como el Estéreo Picnic, donde se invirtió mucho dinero y el distrito obtuvo algunos recursos por arriendos y posiblemente por recursos LEP. Sin embargo, la cultura no solo se mide por porcentajes y ganancias económicas, sino también por réditos sociales, de convivencia, de bienestar social y muchos otros indicadores no económicos. Dicho festival tiene otra cara, con el daño que causa en un espacio dedicado a la recreación, no para la asistencia masiva de público, con el uso desmedido de sonido (hasta las 3 de la mañana y desde las 7 nuevamente con pruebas), pólvora y daño a la flora. Las aves que habitan el parque deambulan por los tejados de los barrios vecinos, y aunque en términos económicos pudo ser un éxito, en términos de convivencia ciudadana fue demasiado molesto para los barrios Salitre El Greco, La Esmeralda, Los Pablos Sextos y otros de Teusaquillo y Barrios Unidos, que asumieron estas incomodidades que los resultados económicos intentan ocultar. Ya es hora de que el parque sea un espacio de diversión, esparcimiento, descanso y deporte, y no de conciertos como este que dañan la tranquilidad ciudadana del entorno. Ante el dilema de crear un trancón en la autopista norte o cambiar la vida -para mal- de cientos de habitantes, debería primar la convivencia de los ciudadanos.
Ante el dilema de crear un trancón en la autopista norte o cambiar la vida de cientos de habitantes, debería primar la convivencia
Enrique Espitia
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