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Los venezolanos de esta época vivimos la inédita y sorprendente experiencia de ser gobernados por la “nueva elite” del pensamiento económico mundial. Nuestro preclaro presidente, Nicolás Maduro, nos desconcertó cuando informó hace poco que, después de sesudas y profundas, elucubraciones había logrado idear y desarrollar una “fórmula mágica” que condensó brillantemente en su “Plan de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica”. Dijo, con una seguridad tan entusiasta como pasmosa, que con su estricta implementación nos conducirá inexorablemente al triunfo definitivo en la devastadora “guerra económica” que hace ya bastante tiempo subyuga trágicamente al país.
Este descubrimiento, sin duda, generará, más temprano que tarde, a nivel de lo actuales grandes centros del Pensamiento Económico Mundial, léase el MIT, Harvard, Stanford o Princeton, un terremoto intelectual, un replanteamiento a fondo de toda la teoría económica sobre la que se sostiene la economía dominante hasta nuestros días, y cuya manifestación más extendida es La Economía de Libre Mercado. Es probable que la herencia intelectual de Adam Smith, David Ricardo, John Maynard Keynes, Frederich Hayek , Milton Friedman y demás pensadores de la economía se vea severamente cuestionada, quizás hasta ridiculizada en sus postulados, por la insurgencia desde la “inteligencia económica mirafloriana” de una inédita, mágica y milagrosa Teoría económica. Por fin se logrará, gracias a la heterodoxa aplicación a rajatabla del revolucionario descubrimiento económico por parte del gobierno madurista, acabar definitivamente con la pobreza. Primero de Venezuela, para después irradiar generosamente sus maravillosos beneficios a los países capitalistas. Muy posiblemente en el corto plazo, debido a la magnanimidad y nueva eficacia mostrada por el gobierno, el resto del mundo civilizado también podrá aprovechar y disfrutar de los incomparables e impresionantes logros del socialismo del siglo XXI. Quién lo iba a imaginar, lo que Hugo Chávez no pudo materializar lo alcanzará, gracias a su enorme, disciplinado y sostenido esfuerzo cognitivo, su hijo pródigo.
Por el impacto casi mágico que le augura el presidente Maduro, su creador, y por los indudables beneficios que proclama traerá, no nos deja otra alternativa sino prestarle dedicada atención. Estudiarla, tratar de comprenderla a fondo, en todos sus detalles. Sobre todo cuando caemos en cuenta que contrasta abiertamente con los clásicos conceptos que, hasta ahora, reconocidos y respetados economistas venezolanos como José toro Hardy, Ricardo Hausmann, Ronald Balza, Luis Vicente León o José Guerra nos habían asomado a través de sus leídas y excelentes columnas. Ellos, como estudiosos e investigadores, seguramente a la luz de la novel “Teoría Económica Mirafloriana” deberán, igualmente, actualizar y replantear sus conocimientos en la materia, incursionando y profundizando en la interpretación y comprensión de la revolucionaria “fórmula mágica”. Maduro con una de sus habituales brillanteces, haciendo ostentoso alarde de su nuevo status intelectual, les cuestionó con ironía y severidad sus conocimientos: tanto saben, que saben a…casabe.
No tenemos las herramientas intelectuales necesarias y requeridas para poder, sin la orientación y traducción de los conocedores del tema, abordar y comprender con decorosa certeza la “Nueva Economía”. De hecho, hasta para hacer los simples cálculos del viejo al nuevo cono monetario en las compras diarias, a veces nos enredamos. Nos limitaremos entonces, simplemente, desde nuestra perspectiva ingenua sobre la economía, a unas pocas preguntas.
¿Qué es petrolarizar? ¿Tiene el gobierno suficientes Bolívares Soberanos para pagar los nuevos sueldos y salarios de los todos empleados públicos, trabadores del sector privado, trabajadores informales, así como las pensiones sin necesidad de crear dinero sin respaldo? ¿Se puede por decreto definir y congelar los precios de los bienes y servicios sin generar escasez? ¿Desaparecerá con la aplicación de la mencionada “formula” la devastadora hiperinflación? ¿Se acabará definitivamente el insólito problema del efectivo? ¿Se reactivará con robustez la producción nacional, incluyendo la indispensable recuperación petrolera? ¿Funcionará a cabalidad la “fórmula mágica” de Maduro? Permítanme, quizás por la incomprensión de la “formula”, ser cauto.
Jorge Echeverri.
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