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Exalcalde Caicedo insta al candidato Mockus a rectificar

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La afirmación por medio de la cual el señor Mockus se refiere al suscrito en la entrevista concedida a ese diario el día jueves es infame y calumniosa:

Falta a la verdad Mockus cuando sugiere sin desparpajo alguno que la detención preventiva de que yo fui objeto como alcalde mayor de Bogotá, hace relación con los problemas de los carteles de la contratación de la capital.

Falla ostensiblemente la memoria del excalde o falta a la verdad en materia grave, cuando ignora que mi detención tuvo origen en una denuncia temeraria del exconvicto Carlos A. Lucio (quien aspiraba a sucederme) sobre un supuesto ilícito cometido por mi administración al haber suscrito decretos sobre partidas de beneficencia. Tales decretos fueron avalados luego por el Contencioso Administrativo y, como si lo anterior fuera poco, la Sala Penal de la H. Corte Suprema precluyó por unanimidad aquel pleito jurídico, declarando mi inocencia absoluta y la transparencia de mis actos. También fueron declarados inocentes la totalidad de mis funcionarios y de los concejales.

Sorprende que un dirigente que se autoproclama adalid de la moral desconozca e irrespete de manera flagrante las sentencias absolutorias de la Rama Judicial. No afronté, por lo demás, un solo problema jurídico habida cuenta de la contratación de las obras públicas de mi administración. Es por ello impropia la relación que establece el candidato a la Alcaldía, entre mi detención preventiva y los líos de la contratación de los últimos días.

Tras mi paso por la Alcaldía, por el contrario, varios personajes de la vida pública, entre ellos el propio Mockus, reconocieron la eficacia de los contratos a mi cargo, entre ellos el Embalse de San Rafael y la Avenida 30. Mockus, en cambio, dejó la ciudad sumida en problemas durante varios años tras su controvertida decisión de entregar a un solo contratista el arreglo de la totalidad de las vías de la capital. La ciudad aún paga las consecuencias de ese contrato fallido.

El exalcalde deberá rectificar el malicioso vínculo que pretende hacer entre los actuales escándalos de la contratación en la capital y mi desempeño como alcalde de la ciudad entre 1990 y 1992. De lo contrario, enfrentará las naturales consecuencias penales que se derivan de la injusta ofensa que ha inferido a mi honra.

 Juan Martín Caicedo F. Bogotá.

Triple acierto

Que El Espectador publique sobre diseño es muy importante, pero encontrar en sus páginas una explicación creativa sobre diseño centrado en el humano tan fiel al enfoque es extraordinario. Eso sucedió el viernes 4 de agosto con “Adiós a los objetos”, donde Angélica Gallón, más allá de registrar la visita a Bogotá de Klaus Krippendorff —profesor alemán al servicio de la U. de Pensilvania—, ilustró las bases de su teoría. La historia de la actriz Aimee Mullins y de cómo esta valiente y agraciada mujer, amputada de ambas piernas al año de edad, convirtió, gracias a su tesón, pero también a quienes diseñan, el estigma de sus prótesis en una exaltación corporal, ejemplificó esta valoración del diseño como medio para dar sentido a las cosas, puesto que los seres humanos no vemos ni actuamos sobre sus cualidades físicas, sino sobre lo que éstas significan para nosotros.

Dada la claridad con que sus ideas fueron presentadas, supe que el asunto agradaría al profesor Krippendorff , así que traduje el texto al inglés y se lo envié. Esta fue su opinión literal: “Querido Alfredo, sí, la entrevistadora insertó mi visita en una historia muy hermosa e inspiradora; ella no se limitó a informar lo que dije, sino que entendió el diseño centrado en el humano mejor de lo que yo podría contárselo a un gran número de lectores. Lo que me gusta de la historia es algo que pude no haber enfatizado y es el tema del rediseño de nuestro propio cuerpo. Recuerdo, desde que me dijo que era del departamento de moda, que yo le hablé acerca del rediseño de la propia identidad a través de los artefactos con que uno mismo se rodea e interactúa ante los demás. Aimee Mullins llevó el tema más lejos al hablar literalmente de rediseñar el propio cuerpo ganando respeto por su esfuerzo en animar a los diseñadores para que lo que hagan también sea centrado en el humano. La historia es, por supuesto, altamente individualista, pues no hay mucha gente con este tipo de condición. Pero la entrevistadora lo compensó al hablar de cómo señalo yo que los diseñadores no sólo deben buscar las formas bellas en beneficio de productores interesados en expandir el mercado, o sobre lo centrado en el humano, o en que el énfasis ya no está en los objetos sino en la interacción entre personas y objetos, lo que da a los diseñadores una misión más grande: la responsabilidad por la transformación de la cultura material de una sociedad…

Pienso que ella también merece reconocimiento por mencionar que los diseñadores no han sido tomados tan en serio como lo merecen…”.

Aunque sé que el espacio impreso es limitado, ojalá publicasen esto, no porque Krippendorff mediante sus escritos haya enriquecido al diseño con sus interpretaciones, entre otros, de Vico, Goethe y Wittgenstein; ni porque fue alumno de inmensos pensadores del diseño como Horst Rittel, quien planteó la lógica de diseño; ni siquiera porque su hijo Kaihan —a quien sería interesante ver en los foros de El Espectador—, esté convirtiéndose en una figura mundial de la estrategia empresarial como Peter Drucker o Michael Porter. Sino porque con 79 años vino a trabajar y dialogar de sol a sol con un grupo de estudiantes muestra de lo que, tras dos décadas de docencia en el campo, presumo será la mejor generación colombiana de diseñadores; y porque es un hombre que enseña que el entendimiento del entendimiento ajeno es la mayor bondad del entendimiento propio. Un caballero que tras observar a Bogotá desde Guadalupe, recorrer la Plaza de Bolívar y fotografiar curioso una klama (camélido), retornó a Filadelfia enamorado del potencial de la panela para recuperar la voz y dejando ideas que habitarán muchas vidas por muchos años. Magnífico personaje, Magnífica periodista. Magnífico periódico. ¡Triple acierto!

Alfredo Gutiérrez Borrero. Bogotá

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