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Experiencia de un lector

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No es de esperar que a un hombre tan grande no se le haga una calurosa y célebre despedida, aun mayor de las que aquel personaje disfrutó en su vida, las cuales presenció solamente él, pero compartió con millones de sujetos que festejaron la realidad plasmada en aquellos libros.

En mi reciente vida sólo puedo afirmar que leí a un hombre con carácter, lleno de humor, misterio y cierto sarcasmo hacia la realidad vivida en cuyo país y territorio se le buscaba por pensar diferente. Cuyo hogar fue arrebatado, pues tuvo que salir de él suponiendo quién sabe qué futuro tendría su vida… Ahora, la historia que tantos quisimos saber a su estilo y gracia, se la ha llevado él.

A pesar de no haberlo conocido físicamente ni mucho menos haber podido estrechar su mano, siento poder haber entablado una conversación con él, algo vaga y descuidada en ciertos momentos, así como risueña y agradable siempre que estaba aburrido o con algún problema que solamente tenía solución con un poco de lectura exquisita y mágica. Gracias a Cien años de soledad entendí que mi familia era un mundo completo y que cada quien tiene una historia nueva; que hoy aprendo a valorar, y que, así no lo quiera, puedo ser yo el que mañana este “frente al pelotón de fusilamiento”. Aprendí a admirar la belleza en todo sus aspectos, a seducir el aire que rodea mi camino y, así mismo, a poderle susurrar a su brisa “ojos de perro azul”.

Obtuve la certeza y la valentía de disfrutar cada momento que me ofrezca la vida, ya que si un hombre de noventa años pudo enamorarse, yo por qué no si apenas logro los dieciocho.

Es en verdad difícil describir tantas ideas que le llegan de tope a una persona. Es en esos momentos que uno admira con cierta facilidad pero profundo aprecio esos actos de habla plasmados para el mundo, pero en principio plasmados para sí mismo.

Daniel A. Ojeda Rodríguez. Bogotá.

Felicitaciones

Felicito a El Espectador que por estos días nos ha regalado unas ediciones de lujo sobre la vida y obra de nuestro gran Gabo. Se fajaron. Estuvo a la altura del personaje lo que hicieron.

Julio Peña. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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