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Por uno u otro motivo, por uno u otro grupo armado, por deporte, porque se nos convirtió en paisaje, siempre en Colombia hemos vivido en una guerra en la cual lo contendores somos los mismos colombianos, y quizá nunca entenderemos las razones por las que discrepamos y menos aún por qué entre unos y otros nos matamos. Y esta desgraciada locura siempre ha concentrado a los medios de comunicación, a los políticos y a todos y cada uno de los colombianos que continuamente hacemos eco sin saber cuáles son los malos, ni cuáles los buenos.
Por uno u otro motivo siempre en Colombia hemos vivido en paz, en una verdadera convivencia, con un solo común denominador, nuestro país. Pero como lo malo vende más y el morbo amarillista es más importante para azuzarnos lanzando epítetos de lado y lado, jamás la paz y el maravilloso país que tenemos son titulares de primeras páginas ni comidilla en corrillos.
Somos hermanos enemigos. La intolerancia, la soberbia, la falsa relación que solo cobija apellidos, abolengos y el falso mundillo social nos volvieron insensibles hasta el punto que la calidad humana, los valores y los lazos naturales de amor con que nacemos, son mal vistos y ese es el motivo por el cual nuestro primer llanto es de protesta, de rencor, y así nos siguen alimentando hasta volvernos asociales, intransigentes y, lo más lamentable, recorrer nuestras vidas con los ojos vendados. Simplemente nacemos, simplemente morimos, vivimos sin pena ni gloria.
No sigamos engañándonos, no sigamos profesando una conducta y actuando con otra, y dejemos la imbecilidad de creer que unos políticos que luchan por su bien común mas no por el bienestar general, que luchan para saciarse más y más de su egocentrismo y sus fortunas, nos darán la paz eterna, y menos por sus luchas desenfrenadas de poder nos dejarán disfrutar de nuestra Colombia amable y feliz, ya que para ellos eso nos es negocio.
Para el 15 de junio Colombia solo tiene dos opciones o ninguna, sea cual sea el nuevo presidente, iremos como borregos a las urnas, y como siempre al final del mandato nos rasgaremos las vestiduras por güevones, que al mirar atrás veremos que Colombia sigue igual, que otra vez nos equivocamos.
Raúl Moreno Sierra. Medellín.
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