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Gazapo editorial el 27 de agosto

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Señor director. Sobre el editorial de la referencia, dos cosas. Primero, Samuel Moreno no ha sido destituido por la Procuraduría, se trata de una medida cautelar no constitutiva de sanción al tenor de la Ley 734 de 2002. No confundirla con la Pena Disciplinaria de destitución, sólo imponible a ese título cuando se falle de fondo el asunto que lo vincula.

Segunda, de conformidad con las reglas de juego (Ley 906 de 2004 y desde luego la Carta Política), el deber de la Fiscalía es probar la responsabilidad del procesado. La del ciudadano convocado a juicio, si lo quiere, si es de su estrategia defensiva haberlo o no, contrarrestar la actuación del acusador, es decir, no es deber del imputado probar su inocencia, tal afirmación conduce a un equívoco constitucional de alta monta que no puede hacer eco en nuestra cultura. La presunción de inocencia es un status del ciudadano, sólo desvirtuable a través de un proceso penal en el que la fiscalía tiene el deber-obligación de probar la comisión de un hecho penalmente relevante y la responsabilidad del ciudadano, si se atrevió a imputar y acusar.

José Élver Barbosa Hernández. Bogotá.

Cárcel para excomandante del Ejército

Señores El Espectador:

Siempre veo con angustia estas noticias muy seguidamente publicadas —hoy me refiero a la nota de agosto 25, titulada “23 años de cárcel para excomandante de Unidad del Ejército por ‘falso positivo’”—, y pienso y repienso cómo se originaron estos delitos que van directamente y contra los más desvalidos e indefensos. Son hechos, además, por la entidad más “respetable, seria y digna”, como son y deben ser las Fuerzas Armadas, cuyo lema es “se cumplen las órdenes o la milicia se acaba”. Y hay dos mandos superiores, comandante supremo y ministro de las Fuerzas Armadas, ¿y se afirma que los delitos se dan en la parte inferior? Y nadie ha dicho de dónde salió la orden. Eso no se lo inventaron los soldados porque, precisamente, “se cumplen las órdenes o se acaba la milicia”.

Lo mismo pasó con los paramilitares. Alguien les dio la orden de acabar con la guerrilla y todos sabemos qué pasó, con quiénes acabaron, a quiénes mataron y cómo trataron de ocultar los muertos: motosierra, hornos crematorios, fosas comunes y el engorde de los cocodrilos en los grandes ríos de Colombia. Dejo la inquietud…

Angel Alape. Bogotá.

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