Es paradójico cómo en medio de la polarización política, si se quiere ideológica, siempre hay quienes sacan ventaja del momento para salvar y hasta mejorar su posición. Como persona dedicada a estudiar sistemas y políticas de salud, rápidamente puedo enumerar tres hallazgos de diferentes investigaciones, realizadas con colegas de la Universidad de Antioquia, que evidencian problemas del sistema de salud colombiano a consecuencia del modelo de intermediación con las EPS. Primero, las EPS que también ofrecen planes complementarios y medicina prepagada obtienen una altísima utilidad por dichos seguros, porque crean un problema de oportunidad en la atención que ellos mismos resuelven cuando el ciudadano les paga extra por el plan complementario o la medicina prepagada. Es decir, el ciudadano paga dos veces por un servicio que la EPS tendría que haber provisto oportunamente solo por el hecho de cotizar en salud. Pero además encontramos que este fenómeno empeora los problemas de falta de oportunidad en las EPS, puesto que ellos mismos crean atajos para que las personas con mayor capacidad de pago puedan colarse en las filas para acceder a los procedimientos, pruebas diagnósticas y atenciones por especialistas. Segundo, las personas con necesidad de servicios de rehabilitación o de intervenciones multidisciplinarias enfrentan numerosos obstáculos en el acceso, la continuidad y la integralidad de la atención en salud debido a limitaciones de contratación de prestadores de servicios por parte de las EPS. Por ejemplo, si la EPS X en la ciudad Y no tiene contrato con el prestador de servicios de prótesis para una persona amputada, entonces la persona se queda sin acceso a la prótesis. Tercero, encontramos que las demoras de algunas EPS en la autorización de pruebas diagnósticas, procedimientos e interconsultas con especialistas resultan en un peor pronóstico para pacientes con cáncer o incluso mueren esperando las autorizaciones.
Estos tres problemas que acabo de presentar no son exhaustivos y pueden no ser los más importantes, pero son muestra del sinnúmero de fallas en el sistema de salud que requieren una reforma. Una reforma que parece no será la propuesta por el gobierno de Gustavo Petro, porque el proyecto de ley radicado no indica que se haya pensado un apropiado proceso de transición, no da claridad sobre la suficiencia fiscal para llevar a cabo todas las propuestas ni da tranquilidad de que el manejo de los recursos financieros del sistema será mejor y más transparente con los cambios de gobernanza propuestos. Una gran lástima porque a ese proyecto de ley se le nota que fue hecho con amor por la salud pública, por la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la atención primaria, temas que han sido ajenos al Ministerio de Salud y Protección Social, o del cual los anteriores ministros han hecho oídos sordos. Lo único que puedo decir es que ser oposición y gobernar son cosas distintas para las que se implementan estrategias distintas. La confrontación radical, la imposición y la falta de participación y diálogo en una propuesta de reforma de semejante magnitud no parece ser la estrategia para ganar una opinión pública favorable y mayorías en el Congreso de la República.
Pero a lo que sí me resisto es a defender a las EPS tal como son hoy, cuando su eficiencia no es óptima y se han convertido en fuente de obsolescencia del sistema de salud colombiano. Ni siquiera voy a entrar en el juego de decir que algunas son buenas y otras son malas, porque lo cierto es que la experiencia de los pacientes con una “EPS buena” también es altamente variable. Mientras en Medellín una EPS puede estar a la vanguardia y ser un factor protector para sus afiliados, en Cali puede ser francamente deficiente con redes de prestación de servicios limitados y un factor de riesgo para sus afiliados. Mientras una “EPS buena” es buena para el manejo de problemas de medicina interna puede ser terrible para problemas de otorrino, simplemente porque la contratación de su red de prestadores es limitada, o porque como EPS está desacreditada y los prestadores no quieren contratar con ella. Este momento coyuntural no puede terminar en que nada pase, en que en medio de la polarización perdamos la posibilidad de hacer progresos en el sistema y garantizar una mejor atención en salud para los colombianos. Voy a terminar con una frase que mi hijo me ha pedido no usar en casa: no estoy molesta, estoy decepcionada.
Marcela Vélez, profesora e investigadora de la Facultad de Medicina en la Universidad de Antioquia.
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