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Horarios nocturnos

Cartas de los lectores
26 de septiembre de 2013 – 05:50 p. m.

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Leí el artículo acerca de la percepción ciudadana sobre la Policía, donde se hacen observaciones sobre el suceso fatal del “amanecedero”. Al respecto, varias observaciones:

1. ¿Por qué se definió la hora de las 3 de la mañana como “hora pico” para el cierre de negocios nocturnos? ¿Por qué no las 2 o las 4? La “hora zanahoria” de Mockus tenía como argumento la protección de las vidas. Y ¿por qué no las 12? Se habrían salvado más vidas. La fijación de horarios tiene como resultado la reducción del espacio público, de la vida urbana. Las ciudades de hoy funcionan 24 horas. ¿Por qué Bogotá no? ¿Por qué el Estado debe establecer los horarios de los bares? Considero que acá hay una confusión de los objetivos del Estado en la regulación de lo público.

2. Las condiciones del local. Antes que fijar horarios, considero que las funciones deberían orientarse a exigir condiciones para el funcionamiento: puertas de seguridad (que se abren desde adentro), salidas de emergencia, control del ruido para no molestar a los vecinos, accesibilidad al local. Ninguna cumplía este lugar.

3. Si hay tantos amanecederos en la ciudad es porque la gente amanece rumbeando, y es mejor que lo haga en un local público a que lo haga en la casa y perturbe a todos sus vecinos.

4. Protocolo de intervención de la Policía. Creo que las críticas al suceso se han enfocado a la lamentable intervención de la Policía. Independientemente de si es un club social o cualquier otro negocio, los locales deben cumplir con las normas, las cuales ya existen, de seguridad y de higiene.

Este local no las cumplía y eso remite a la pregunta: ¿quién debe hacerlas cumplir?

Fabio Zambrano. Bogotá.

El embajador

En su columna sabatina, el escritor y columnista de El Espectador Santiago Gamboa comenta la ausencia del embajador de Colombia en México, José Gabriel Ortiz, en la Feria Internacional del Libro de Arteaga (FILA), en Saltillo, capital del estado de Coahuila, donde Colombia estaba invitada de manera especial.

Los escritores Santiago Gamboa y Evelio Rosero tomaron el lugar del embajador ausente para representar dignamente a Colombia y, por supuesto, al Gobierno y a todos los colombianos.

¡Y todavía nos asombramos cuando nos va mal en Nicaragua y lloramos por el dizque abuso del gobierno de Centroamérica, cuando nuestros embajadores y representantes no dan la talla para defender los intereses sagrados de Colombia!

Luis Castellanos García. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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