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Con todo el tema de la vacunación que bien o mal avanza en los diferentes municipios cuya dinámica ha dependido en buena parte de la gestión de los alcaldes, preocupa que no se mencione la necesidad de vacunar a la población campesina. Se ha escuchado sobre los indígenas -como los de la Sierra Nevada de Santa Marta-, pero no sobre algún plan específico que cubra a los campesinos de todo el país. Por mucho que ellos vivan en campo abierto permanentemente salen a los centros urbanos para su abastecimiento y demás actividades de su diario vivir y están en permanente contacto con la gente de conglomerados urbanos.
Es como si al campesino lo olvidaran deliberadamente, como han olvidado a muchos ciudadanos de la geografía colombiana. No más de pensar en todo el bombo que hicieron para atender el desastre de San Andrés y Providencia, cuando en manada se trasladaron funcionarios de todos los rangos, pues era la oportunidad de visitar el mar, mientras los testimonios de líderes y nativos son impresionantes, por la crudeza de su realidad no atendida, pero divulgada a los cuatro vientos. Se siente vergüenza ajena cuando pasan los videos de las promesas presidenciales y luego muestran a la inmensa mayoría de la gente en cambuches de plástico con toda la insalubridad e incomodidad que ya no es posible soportar. Ya no saben cómo expresarse ante el primer mandatario para que entienda que su visita a las islas no fue de turismo, sino de compromiso oficial. Atender esas prioridades es parte de la paz pactada.
De allí la importancia de hacer alusión a la reforma rural integral pactada en el Acuerdo del teatro Colón, como lo explica con claridad meridiana el doctor Humberto de la Calle Lombana (El Espectador, 20-06-21) para que el campo recibiera de una vez y para siempre la debida atención y justicia, y ofrecerles la posibilidad real a los campesinos de mejorar la calidad de vida, y así contribuir a la erradicación de los factores de violencia que surgen a partir de la tenencia y producción de la tierra. El desplazamiento y despojo de sus tierras siguen en marcha. Pero, claro, ahora que se están haciendo tan desacertados nombramientos, que no se les ocurra llamar al doctor José Félix Lafaurie o a la descabellada senadora Cabal para que realicen un estudio de implementación de la reforma rural integrada. El Gobierno debería estar atento a los debates del Congreso para que proyectos de la categoría de la especialidad agraria, explicado por el doctor De la Calle como una herramienta para superar los graves conflictos, encuentren una salida justa y digna. Ya casi se cumplen tres años cuando, de una u otra forma, se anunció hacer trizas el Acuerdo de Paz. Y vaya si lo han cumplido. Eso sí que lo han cumplido.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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