Justicia podrida y maloliente

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Parece ser que los colombianos estamos condenados a padecer y tener que soportar esa olla maloliente y podrida en que, desde hace muchos años, está convertida la justicia criolla. Si nos remontamos solo unos pocos años atrás, y para hacer un pequeño esbozo de cómo la depravación judicial hoy atormenta a los nacionales, vamos a hacer una pequeña “añoranza” para quienes observamos desde la barrera y atónitos vemos el devenir de ese vergonzoso accionar de cientos de funcionarios de todos los niveles y que hoy fungen como “honorables impartidores de justicia”.

Para no retroceder demasiado en el tiempo (necesitaríamos varios tomos enciclopédicos), devolvámonos e iniciemos con el señor Jorge Pretelt Ch., flamante presidente de la Corte Constitucional; los magistrados de la Corte Suprema de Justicia Leonidas Bustos y Gustavo Malo, y qué decir del zar anticorrupción Luis Gustavo Moreno (hoy extraditado) y la última perla, hasta hoy conocida en este ámbito judicial, la jueza Ligia del Carmen Hernández Pérez, quien ya aceptó haber llevado a sus arcas personales la suma de $100 millones por fallar en favor del escurridizo señor Mattos, que la justicia colombiana no ha podido poner a buen recaudo. ¿Impericia o más corrupción?

Para continuar con esta “ligera lista” de criminales que han usurpado el sistema judicial colombiano, hoy se suman los directores de dos de las cárceles más importantes del país: la Modelo y la Picota de Bogotá, cobrando jugosas y nada despreciables sumas de dinero para saciar su codicia y faltar a todas las normas de ética, establecidas dentro de la honorabilidad que alguna vez juraron como funcionarios públicos y de justicia, equiparándose así con bandidos de la más alta peligrosidad, permitiendo el ingreso a estos “reformatorios de hombres” de todo tipo de elementos y accionares ilegales, que no son más que ollas pestilentes y nauseabundas.

Cuántos casos de los que hemos tenido conocimiento han sido fallados en contra de seres posiblemente inocentes y han dejado con la boca abierta a más de uno, y que se han presentado en esta corruptela que agobia a los colombianos. Con un fiscal general de la Nación ampliamente cuestionado, cabeza visible de una Fiscalía en la que pocos creemos por su ineficacia e impericia.

Virgilio Duque Salazar, Bogotá.

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