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“Viveza criolla” o “ser vivo” son términos de origen argentino acuñados por la mayoría de países sudamericanos para denominar a las personas con “perspicacia”, seguramente alguna vez los han escuchado a lo largo de sus vidas.
En mi caso he conocido estos términos desde mi niñez: “Mírenlo cómo se les adelanta a los demás en la piñata, sí es vivo”, escuchaba decir a muchos padres con sensación de orgullo.
Lo anterior es un contexto trivial, pero deja en evidencia la cosmovisión de la sociedad ante una persona viva, estamos constantemente alimentando el ego del vivo como si se tratara de algo bueno. Ser vivo es tomar atajos, buscar la forma de estar por delante de los demás mediante una treta y sobre todo creer que estás por encima de los demás por tomar el camino más fácil: “Miren a ese huevón esperando por su turno y yo me adelanté como si nada”.
Esto es un claro reflejo de cómo piensa el común americano. Sí, a mi parecer nadie se salva de ello, somos así por naturaleza. Aunque creamos que no, todos tenemos una pizca de ello en nuestro subconsciente. Hace algunos días me topé con un video del youtuber Luisito Comunica, en el que caminaba por las calles de Japón, en donde se encontró con un sistema de venta de bebidas que estaban expuestas sobre una máquina para que cada cliente tome su producto y lo pague mediante un código. Al ver esto lo primero que vino a mi mente fue: “¿Y qué me impide llevármelos sin pagar?”. Aunque si algún día llego a estar en la misma situación no robaría nada, el cuestionamiento está ahí.
La historia anterior sirve para tener una idea de cómo la sociedad japonesa confía en el común de sus ciudadanos, al hacer eso tienen una seguridad de que nadie se los llevará; habrá quien lo haga, pero no es el común.
Nuestra sociedad vive en una esfera de desconfianza, viveza y corrupción, y esto no es casualidad, no es coincidencia que vivamos así, criticando a cada gobernante y político en general, tachándolos a todos de deshonestos y poco éticos, cuando en realidad no apuntamos tampoco a nosotros, es simplemente un círculo vicioso, una rueda de hámster.
Si cada vez que nos encontramos con el camino fácil y rápido lo tomamos, aunque este sea poco ético, tratando de pasar por encima de los demás cueste lo que cueste, ¿podríamos entonces esperar algo mejor para la sociedad?
Es normal actuar así cuando se lo tiene tan normalizado y por eso esta es una crítica general a la sociedad en que vivimos, la cual nos lleva a actuar de esta forma, porque a veces de la manera correcta lo ves imposible, el circulo vicioso se hace cada vez más grande y la salida es difícil. La única forma de ver una luz es haciendo una reflexión sobre de qué manera estamos contribuyendo a la falsedad y a la perversión, para corregir, empezar a actuar de mejor forma y así cambiar esa pizca de ayuda a lo malo por una pizca de ayuda a lo bueno.
Uriel Paz.
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