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La dosis personal de pólvora

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Ayer empezó diciembre con su alegría… Y sus quemados.

Uno se pregunta dónde está la policía en estas fechas. De unos años para acá se volvió tradición en Medellín que el 1° de diciembre se quema más pólvora que en la Navidad propiamente dicha y, mientras en los barrios los estallidos pululan (algunos preocupantes, pues claramente no se trata de los tacos tradicionales sino de explosivos más potentes), no se ve un policía o alguna autoridad intentando al menos contener este fenómeno. No hay un solo arresto de personas manipulando pólvora ni una sola multa, nada. A nadie parece importarle entre las autoridades, excepto, claro, cuando los quemados sobrepasan un cierto límite, en cuyo caso salen a condenar. A veces capturan un vendedor o desmantelan una fábrica. Y pare de contar.

La policía sigue sin aparecer en los barrios, que es donde detonan toneladas de explosivos, año tras año, sin que nadie mueva un dedo para detener a un borracho manipulándolos. El asunto no es sólo atrapar al vendedor o fabricante, está en detener al que la usa… La dosis personal de pólvora no debería tener cabida.

Realmente, sólo cuando la policía se tome en serio detener el uso de la pólvora en la calle, este problema empezará a resolverse.

Nelson Vanegas. Medellín.

Fórmula vital

Y sigue la mortalidad ascendiendo a causa del mal manejo de las motos por parte de seres humanos, equivocados hasta los tuétanos en la forma de manejar este valioso instrumento de locomoción.

Los hoy extintos —muertes dolorosamente prematuras— podían estar “vivitos y coleando” si los enmarcamientos de sus planes de vida hubieran sido la moderación y la paciencia en el conducir tales aparatos. La impaciencia, como el creerse superiores, los llevó a adquirir la calidad de ánima bendita. Son muchas las vidas que se pueden salvar en el futuro cercano y lejano, con la excelencia en el comportamiento en el manejo de dichos automotores. Esa es la fórmula vital. No puedo dejar de referirme al tema sensible de conductores de vehículos que tienen el cinismo de decir que manejan mejor alicorados. Son unos perfectos bárbaros. Aquí califican aquellos que se distraen conduciendo, conversando animadamente por celular. La conducción de automotores requiere respetar enmarcamientos y condiciones estipulados en la ley, como en las buenas costumbres ciudadanas.

Rogelio Vallejo Obando. Manizales.

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