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Tuve ocasión de leer, con mucho interés, su editorial del pasado 29 de abril, titulado «Iglesia y política: la necesidad de un debate».
Aunque respetuosamente difiero de algunas afirmaciones, concuerdo plenamente con su idea fundamental: la necesidad de llevar a cabo una reflexión profunda y participativa sobre las relaciones existentes entre la religión y la política, entre la Iglesia católica, las iglesias y las comunidades eclesiales, el Estado y la sociedad civil.
La Iglesia católica no posee ni añora poder político alguno. Mucho menos pretende “imponer” sus opiniones por fuera del espacio democrático. La Iglesia cree firmemente en la democracia colombiana y en las instituciones, en la sana multiculturalidad y en el sano pluralismo, en la inclusión y en la justicia social. Precisamente con base en dichos principios, amparada por la libertad religiosa que consagra nuestra Constitución (art. 19) y desarrolla la Ley 133 de 1994, la Iglesia ha ejercido su derecho y su deber de participar en el diálogo democrático, manifestando, siempre con respeto, su punto de vista sobre diversos temas de la realidad nacional, no sólo en materia de sexualidad o reproducción.
Comprendemos bien que algunas de nuestras posiciones puedan suscitar incomprensión y debate. Puedo asegurarle que no buscamos aplausos. Pedimos, simplemente, que no se tergiverse o se condene a priori nuestra opinión y que se tengan en cuenta nuestras razones. Lastimosamente son muchos los prejuicios que, en diversos medios de comunicación, caricaturizan las posiciones de la Iglesia, presentándolas como retrógradas, antipluralistas, dogmáticas, machistas u homofóbicas. Nada más ajeno a la realidad.
Estoy por ello convencido, como el editorial de este periódico, de la necesidad de establecer un mayor intercambio de opiniones entre las distintas sensibilidades existentes en nuestra sociedad: un diálogo que nos lleve a superar los prejuicios, un debate que nos ayude a conocer más a fondo las motivaciones reales de cada uno. Consideraría apropiado que este diario favoreciera esos espacios de expresión y de encuentro. Puede contar desde ahora con mi participación y colaboración.
Un paso importante que favorecería mucho ese debate público, al que este diario nos invita, sería el nombramiento de un periodista dedicado a bridar cubrimiento de las diversas actividades y pronunciamientos de la Iglesia (porque es difícil juzgar lo que no se conoce sino de oídas) y la asignación de un espacio de opinión en su diario (porque el debate no puede darse sin posibilidad de respuesta).
P. Pedro F. Mercado Cepeda. Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal de Colombia.Envíe sus cartas a lector@elespectador.com