La indiferencia de la sociedad

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A lo largo de la historia de la humanidad, salvo en las sociedades primitivas, siempre se ha dado la presencia de grupos sociales extremos con relación a la riqueza. La Biblia ya nos muestra a los menesterosos, leprosos, en general, al lumpen de la sociedad; y junto a ellos se han levantado palacios, castillos, mansiones y todo tipo de propiedades. Es decir, el contraste entre las diferentes franjas sociales.

Lo anterior no justifica para nada que en las sociedades del siglo XXI se continúe con el mismo sistema de inequidad frente a la generación de la riqueza. A estas alturas ya se debió superar esta situación, pero todo indica que en el fondo nada ha cambiado, solo la forma. Por eso la crónica de El Espectador (03/06/19) “La Caracas que no nos cuentan” no debe sorprender a nadie. La indiferencia social frente a las grandes tragedias, como es el caso de la migración de los venezolanos por todo el continente, de verdad, no le importa al resto. Hay un canal de televisión dedicado exclusivtamente a la presentación de las noticias rosa, o sea, de todo el glamur posible, y sin pudor alguno con lo que pasa en los sectores deprimidos del mundo entero, tienen un programa que presenta todos los excesos de los ricos, y descaradamente lo llaman “cómo vive la otra mitad”, como si la primera mitad estuviera bien. Qué vergüenza.

Pero así es la realidad de la sociedad de hoy y el tirano Maduro solo se refleja en esa sociedad de consumo que lo vuelve más miope (por no decir bruto) de lo que normalmente es. Está comprobado que el registro noticioso sobre la hambruna y miseria del pueblo venezolano, así sea mediante videos impresionantes y escabrosos, no va a conmover a ese sector social privilegiado al que ni le va ni le viene si es una dictadura. Mientras no afecte su modus vivendi, que el mundo siga girando.

En todos los pueblos vemos esos contrastes que nos cuenta el cronista. Gente disfrutando de las tecnologías de punta, de la última moda, de los sitios in, mientras los derrumbes aplastan las casitas de los desplazados construidas a la vera del camino o los puentes se caen, dejando pueblos aislados , y el hambre y las enfermedades campean en medio de la opulencia. A propósito, a quiénes se elegirá para que esto cambie de una vez por todas o siga el mundo girando, tal cual.

Ana María Córdoba Barahona, Pasto.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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