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La mujer en el centro de la tragedia

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Muy importante que un diario como El Espectador destaque en primera página (28/08/2022) la situación de la mujer en la sociedad de hoy, tan vulnerable, humillada y sometida a todo tipo de desgracias por su sola condición de mujer, a pesar de, aparentemente, haber ganado un amplio espacio para su desarrollo personal, profesional y de liderazgo. La sociedad todavía tiene una inmensa deuda con ella, independientemente de su estrato socioeconómico y cultural.

Es necesario enfatizar con más fuerza las campañas encaminadas a lograr un total respeto a la mujer desde su más tierna infancia, pues la vida nos muestra que estamos rodeadas de salvajes que consideran que desde una bebé hasta una anciana pueden ser poseídas sin más consideraciones que los bajos instintos de algunos —tal vez muchos— hombres. Es claro que falta una educación más específica en todos los espacios de la vida con respecto a la mujer; si una familia deposita su confianza para dejar a su hija en un jardín, escuela o colegio, quienes deben estar más preparados para recibirla y protegerla son sus propios directivos, tutores, profesores, así como todo el personal administrativo, en el que a veces no se repara y es más peligroso de lo que uno puede imaginar: celadores, mantenimiento, auxiliares de oficios, etc.

Hace algunos días escuchaba por la radio local una entrevista a la rectora de la Universidad de Nariño, con motivo de algunos disturbios dentro de la alma mater; dijo que estaba dispuesta al diálogo en su despacho o en cualquier otro espacio, pero no sola, porque por su condición de mujer y vulnerable se sentía en peligro de ser agredida. Eso ya es el colmo. Un rector no es amenazado por su condición de ser hombre, una mujer sí. Como puede observarse, esos jovenzuelos encapuchados, agresivos, patanes y sin ningún norte,se sienten con ínfulas para atemorizar a una alta directiva universitaria y siguen tan campantes por ser varones.

Se imponen toda clase de campañas por todos los medios posibles para repetir todos los días de la vida que una mujer debe respetarse. Hay que decírselo a los pequeños de los jardines, a los niñitos de la primaria, al jovencito de la secundaria y, por supuesto, a los universitarios, incluidos a varios de sus flamantes profesores, tan camuflados en su retórica y tan despreciables en su comportamiento con las jóvenes estudiantes. Y desde luego a la niña hay que prepararla desde su cuna hasta siempre para que no sea tocada y mucho menos poseída por nadie sin su consentimiento.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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