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El saliente Iván Duque condecoró a moros y cristianos, tirios y troyanos, y sus áulicos le intrigaron cuanta escarapela o diploma pudiera recoger. Debería existir una ley que le prohíba al jefe del Estado recibir condecoraciones nacionales. Se supone que los honores, títulos y homenajes se otorgan en nombre de la República, y no tiene lógica alguna que quien representa la supuesta unidad de la nación reciba quincallería y premios de menores en jerarquía. A Duque sólo faltó que lo condecoraran los meseros de Palacio.
Por las mismas razones, el que sale no puede condecorar al que llega, pues se supone que el homenaje es por labores cumplidas y cuando no se está en el cargo, no por las que están pendientes y mientras se ejercen sus funciones y acumulan poderes. Hay además reglamentos para otorgar esas órdenes, que nunca se cumplen. El presidente saliente le entrega al entrante los distintivos y el Collar de Gran Maestre de las condecoraciones en que sea Gran Maestre del Consejo de la respectiva Orden, como San Carlos y Boyacá. Pero esa entrega no significa que lo deba condecorar. A la reina Isabel II del Reino Unido o a su santidad el papa Francisco no los condecoran, pero al Excelentísimo Doctor Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo de la República Dominicana no le cabía la quincallería. Los primeros son dignos líderes; Trujillo era un dictador sociópata, cruel y degenerado.
En una de esas fotos en que sale el señor Duque hay una bandera cuyo escudo es una pegatina y no es el escudo sobre fondo blanco en círculo rojo, que es el que deben portar los cuerpos armados y que tiene derecho a usar el presidente, con la leyenda de su cargo.
Esta imagen es patética, pues se observa que ni siquiera se respetan las normas de la bandera. La bandera nacional de uso ordinario no lleva escudo. La del presidente y cuerpos armados lleva el escudo ya mencionado. Son cuestiones de heráldica. Ahora todas las entidades inventan la bandera que quieren, con el escudo que quieren, y la del entonces presidente traía de escudo una pegatina, de mala y pobre presentación. Los símbolos nacionales, el ceremonial del Estado, los honores y las condecoraciones representan la dignidad de un país. La han vuelto un trapero.
José Joaquín Gori Cabrera.
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