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Leí con atención el editorial de El Espectador publicado el día martes 25 de noviembre (“Los enemigos de la Fuerza Pública”).
Debe decirles que comulgo notablemente con varios de los postulados expuestos en el escrito. De hecho, quiero reafirmarles a ustedes y a los colombianos el compromiso de la Policía Nacional con la transparencia. He visto policías con escasos conocimientos médicos atender partos de manera profesional, heroica y providencial. He conocido cientos de uniformados que han puesto en riesgo sus vidas para evitar que un suicida atente contra su propia humanidad. He visto a policías que arriesgan su integridad tratando de evitar que una riña entre vecinos o amigos tenga un fatal final. Tales realidades me hacen valorar aún más los argumentos de su editorial. La Policía de Colombia está comprometida con la justicia, la verdad y la honestidad. Si un uniformado no lo siente así, tendrá que soportar el peso de sus equivocaciones. Dios y Patria.
Rodolfo Palomino Naranjo.
Director general,
Policía Nacional de Colombia.
De una columna
Totalmente de acuerdo con el artículo de William Ospina (El Espectador, “Pa que se acabe la vaina”, 12/01/14). Sólo faltó mencionar más detalles:
— Que reconozcan los políticos, elegidos para desempeñar cargos públicos, la voracidad con que enriquecen sus propios bolsillos, por encima de su buen actuar, y que devuelvan lo que adquieren con patrañas jurídicas llamadas fundaciones y demás tapaderas; y la de algunos colombianos que ven cómo logran esquilmar al Estado con el mismo fin, a través de todo tipo de demandas.
— Que reconozcan también los ciudadanos que han logrado, a nivel personal o de grupúsculos, ventajas individuales y que esos “aprovechados” reculen su actuar y regresen a las arcas públicas lo logrado sólo por ventajosos.
— Que reconozcan cómo surgió el paramilitarismo, donde colombianos de todas las pelambres quisieron acabar con el conflicto a su manera: creyendo que habían inventado la lluvia —de balas y motosierras— y luego no supieron como pararla.
Y la gran mayoría, viendo como solo unos pocos se salen con las suyas… El Estado colombiano, a través de quienes lo manejan, es para que funcione para TODOS. En fin, que se acabe la corrupción que no permite disfrutar de un país ¡tan privilegiado, pero tan mal manejado! ¡Y tan inicuo!
Laura Isabel Rueda Sanmiguel.
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