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Las simetrías
Llama la atención que en toda nuestra vida republicana el país repita y repita esquemas que son contraproducentes y nocivos y que bien podrían estar relacionados con nuestro atraso social y económico y con la violencia. Uno de ellos es el envilecimiento de la oposición y su descalificación como interlocutor para no tener que hacer frente con argumentos a los que ella propone.Bolívar y Santander se los dejo a los historiadores, pero las facciones del uno y del otro no podían hacer oposición sin insultar, atentar y envilecer al contrario. Santander fue condenado, Bolívar tuvo que huir. Cuando Uribe era presidente, sus aliados en el Congreso y por fuera descalificaban como miembros de la subversión a los que criticaban algunas actuaciones.Hoy, que quienes están en el poder son del otro lado (o reconvertidos, como casi todos los congresistas que simplemente se trasplantaron el espíritu y ahora odian lo que antes amaban), se recurre a lo mismo, envilecer a la oposición. Son perros, dice el presidente, no saben hablar o hablan como infantes, dice El Espectador (balbucean, fue el término). ¿Será mucho pedir que si el proceso actual es de paz y sus seguidores son buenos e iluminados, como ellos se creen, entonces den argumentos en lugar de envilecer y descalificar? Que presenten hechos en lugar de insultos, que muestren los resultados con paciencia a los incrédulos. Sospecho que sólo cuando hagamos algo diferente a los esquemas históricos y repetitivos estaremos saliendo de la oscuridad y dando pasos ciertos para una nación que habla y discute apasionada pero civilizadamente, en la que oponerse no es objeto del escarnio y la diatriba. No repetir implica que algo aprendimos… repetir y repetir el mismo esquema muestra nuestra dificultad para cambiar, y no cambiar es seguir en lo mismo, de lo cual ya hemos tenido suficiente.
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