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Ley integral trans por nuestra memoria y la dignidad de nuestras luchas identitarias

Victoria Strauss Travesti en la marcha del orgullo LGBTIQ+ de Medellín, 2023
Foto: Alejandra Tangarife

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El pasado 2 de julio las maricas, las herederas de las machorras, las desviadas, las falsas mujeres, las gogó, las yeyé, las lenchas y las invertidas nos encontramos una vez más para exigir la garantía de los derechos que nos siguen negando en el acceso a la salud. Con profundo dolor recordamos la trágica muerte de una hermana travesti en una de las bancas del Parque de Bolívar, empobrecida, enferma y despreciada por un sistema de salud violento y negligente. También lamentamos los asesinatos de hombres gais en Medellín y expresamos nuestra impotencia ante la invisibilidad de las violencias de género que afectan a miles de lesbianas, bisexuales y personas con experiencias de vida trans y no binarias.

La misma impotencia que nos genera recordar el asesinato de La Gata, una madre travesti que tampoco sobrevivió a las inclemencias de una cultura que se aferra a legitimar el uso de las armas para silenciar las vidas, desaparecer y amedrentar nuestras identidades.

Marchamos por la materialización de las aspiraciones a acceder a una educación básica y superior, donde la discriminación sea una clase de historia y no la historia que se repite. Nos movilizamos para acceder a un empleo que nos permita condiciones de vida digna, pero con empleos y formas de resistencia económica cuidadosas de nuestras identidades.

Gritamos una y otra vez que la ley integral trans, que será radicada este próximo 20 de julio, es la reivindicación de todas las luchas y demandas enunciadas. Nuestros derechos no son un privilegio, son la garantía de acceder a una ciudadanía libre y en paz, son la garantía de la dignidad que continuamos esperando en nombre de quienes hoy no nos acompañan, de quienes aún continuamos resistiendo y, por supuesto, de miles que están por venir.

Nuestras luchas identitarias no son una ideología, son tan reales y tangibles como la naturaleza que nos habita. Desde la academia, la política, el arte, la ciencia, la crítica, social y, por supuesto, el transfeminismo, tenemos el poder de apostarles a propuestas contundentes para vincular desde las diversas demandas intersectoriales. Nuestras perspectivas, que no distan de las demandas comunes por igualdad ante el derecho y la justicia social, también demandan lo que bien enuncia nuestra vicepresidenta: “hasta que la dignidad se haga costumbre”.

Victoria Strauss Travesti, mujer trans de Medellín.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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