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¿Por qué El Espectador ocultó el rostro de los 30 primeros jugadores de nuestra selección que Pékerman eligió para representarnos en la cita deportiva mundial más importante? ¿Acaso son menores de edad? ¿Publicar sus fotos vulnera el derecho a la privacidad?
Todos los del equipo son personas gratas, no tienen nada que ocultar, ¿por qué ustedes les disfrazan el rostro? Si creen que es artístico, se equivocaron. Para ellos y sus familias es un honor que sus hijos salgan en la prensa tal cual son. A muchos colombianos, como a mí, nos gustaría diferenciarlos bien físicamente desde ya.
Esperanza Bonilla Pardo.
Bogotá.
No vuelvo a creer
Ningún periodista, ningún medio de comunicación colombiano, escapa al repudio, desilusión y asco que me ocasionan. Los periodistas tienen explicaciones que darnos a todos los colombianos, se han dedicado a enlodar a quien les viene en gana y a confundir electores. Por eso, en ellos no vuelvo a creer.
Ningún político, ningún partido político, nada que se asemeje a esa inmunda especie de falsos ilusionistas, pensadores de su propio ego, cazafortunas a costillas y espaldas de sus propios imbéciles útiles, o mal llamados electores, merece llegar ocupar cargos públicos y menos la Presidencia de la República, en esta folclórica Colombia. Por eso, en ellos no vuelvo a creer.
Unos y otros no tienen autoridad para mirarme de frente y a los ojos, porque no tienen ética ni moral, porque no merecen el respeto de este ciudadano de a pie o de la inmensa mayoría de colombianos que formamos los mal llamados por ellos “ciudadanos del común”. Por eso, ni en los unos ni en los otros vuelvo a creer.
Las candidatos para la Presidencia 2014-2018 son un interminable, lúgubre y oscuro túnel lleno de falacias, de unos competidores sucios, sin escrúpulos, de amangualados por conveniencia y enemigos por la misma, orquestados por los medios de comunicación para ser llevados a la cima de la patraña y la traición que los convertirá en héroes de plomo, o para ser enterrados inmisericordemente en la sima o más profundo hoyo, rasgando el buen nombre de quien les provoque sin responsabilidad, y menos aún sin medir consecuencias. Por eso, ni en los unos ni en los otros vuelvo a creer.
Y en este medio de comunicación y en nombre propio escribo esta cruda realidad de una Colombia vuelta mierda.
Raúl Moreno Sierra. Medellín.