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Con motivo de la expulsión del Partido Comunista del Polo Democrático Alternativo y del manto de sospechas lanzado sobre el conjunto de la Marcha Patriótica, crece el número de quienes notifican al paramilitarismo, las bandas emergentes, los militaristas y la extrema derecha civil (más numerosa y menos respetable de lo que se cree) para indicarles la razón que tienen para un nuevo exterminio: “¡ellos se lo buscaron!”.
Es la misma explicación que se da frente al genocidio de la Unión Patriótica, promulgada por los medios de comunicación (periodistas y columnistas), uno que otro “experto” académico (extranjero y no pocos colombianos) y que —como toda “verdad” que tiene tan poderosos promotores— arraiga en la llamada opinión pública. El genocidio de la UP sigue impune y sepultado en la fosa del olvido colectivo, como los cuerpos de los miles de asesinados y asesinadas. Los que ven el complejo hecho histórico (político-económico y socio-cultural) del conflicto armado en blanco y negro y con el maniqueísmo típico de la manera de ser colombiano (“la democracia más antigua de América”, “los buenos somos más” y “lo mejor de Colombia es su gente”), contribuyen a fortalecer las posiciones de los interesados en mantenerlo. Pues bien, parece que viene otra matanza de miembros del Partido Comunista, de la Marcha Patriótica y de marxistas, indignados (en este caso no de buena familia), anarquistas, rebeldes, descontentos y resentidos con razones y todo ese etcétera que incluye equivocaciones y venganzas.
Y después dirán lo que siempre se dice desde los tiempos de las guerras civiles: “¡El que la hace la paga!”. Como en el poema atribuido a Brecht, quizás tendrán que añadir: ya se los llevaron, pero como yo no era comunista, ni “marchista”, ni marxista, ni indignado, ni anarquista, ni rebelde, ni descontento o resentido con razones, ni siquiera parte del largo etcétera, no me preocupé, es más, sentí un alivio.
Pero ahora que me llevan a mí, ya es tarde. Que a estos nuevos muertos los lloren sus familiares y los compañeros que les sobrevivan. ¡Al fin de cuentas se la buscaron! ¿Cierto?
Néstor Miranda. Bogotá.
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