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En Colombia tenemos algo seguro todos los años y no son los buenos deseos de las 12 uvas que nos comemos al sonar las 12 de la noche. Para nosotros existe un amigo bastante familiar, que muchas veces quiere grabar hasta en mármol su nombre, llamado “reforma tributaria”, que a lo largo de los años ha tenido varios apodos como “ley de financiamiento” o “ley de crecimiento económico”, y lo venden como la solución a todos los problemas de las arcas del Estado.En Colombia tenemos algo seguro todos los años y no son los buenos deseos de las 12 uvas que nos comemos al sonar las 12 de la noche. Para nosotros existe un amigo bastante familiar, que muchas veces quiere grabar hasta en mármol su nombre, llamado “reforma tributaria”, que a lo largo de los años ha tenido varios apodos como “ley de financiamiento” o “ley de crecimiento económico”, y lo venden como la solución a todos los problemas de las arcas del Estado.
Somos un país donde tenemos una tasa impositiva que dista de la realidad en la que vivimos, y les explico por qué: tenemos una tasa impositiva del primer mundo. Por ejemplo, tenemos un IVA (impuesto al valor agregado) del 19 %, al igual que en Alemania (pueden sacar sus propias conclusiones), con contribuyentes que creen que están en vías de desarrollo y una clase política cada vez más parecida a la feudal. Nuestra tasa impositiva no refleja nuestra realidad, debemos buscar la equidad y la progresividad en los impuestos.
Estadísticamente tenemos una reforma tributaria cada dos años desde el año 2006; pongámonos en el puesto de los emprendedores que aportan más del 80 % del empleo formal en el país, tratando de entender cómo liquidar y pagar sus impuestos y que cada 12 meses le estén diciendo que todo va a cambiar. Nos preguntamos: ¿cómo proyectan sus operaciones? ¿Cómo buscan inversionistas? ¿Cómo se adaptan a una nueva realidad?
Estas son las preguntas que se deben hacer las personas que están dictando las normas que rigen al país, debemos dejar de pensar que todo debe salir de los impuestos y enfocarnos a la producción de bienes y servicios con valor agregado, y no hablo solamente del IVA. Estamos en un tiempo en que debemos pensar en el motor que mueve la economía, en tener un estatuto tributario que no esté diseñado para los ingenieros que llevaron el Curiosity a Marte. Debemos ser prácticos y concentrarnos en que estos son los cimientos para un tejido empresarial más robusto, entendiendo nuestra realidad. Se debe buscar una reforma tributaria estructural y no de escritorio, como ha pasado en los últimos años… Esa es la invitación.
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