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Los lectores escritores

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En El Espectador, sus lectores son noticia. Aún hoy, a pesar de las limitaciones de espacio, la tradicional sección “Cartas de lectores” sigue siendo un lugar de controversia diverso y plural.

En el último año, desde que El Espectador volvió a ser diario, he venido recopilando y clasificando las cartas de lectores no oficiales, es decir, de los que no hablamos en nombre de otros (o como dijera Deleuze, de los que evitamos “la indignidad de hablar por los otros”). Hoy quiero compartir con los lectores algunas impresiones. Lo primero que constato es que El Espectador no sólo es leído en Bogotá. Los lectores escriben desde lugares tan exóticos como París, Tibaná, Buenos Aires, Chinú, Barranquilla, Santafé de Antioquia, Tumaco, Medellín, Armenia, Ocaña o Pasto. Por otra parte, los temas van desde los intelectuales, los comentarios de libros, la historia de Colombia, los filósofos, los casos y cosas de la vida común, hasta los falsos positivos y la reelección.  Además, los lectores también han contribuido con crónicas sobre Bogotá, mostrándonos de forma poética lugares como el Parque de la Independencia, el antiguo SIC, el Metro Teusaquillo, o el Parque Renacimiento. De la misma manera, hemos leído testimonios de vida sobre personajes como el repartidor de periódicos, el librero del Olaya y el viejo obrero del Puente de la 26.

Todo esto me lleva a pensar: ¿qué es un lector de El Espectador?  Hay una especie (que no se extingue) de lector-espectador, por lo activo y propositivo, por lo general de izquierdas, que lee y relee el periódico, que complementa la información con otras fuentes, y que no sólo lee: también escribe.  Somos lectores-detectives, fieles a la tradición “libre” de El Espectador (“famoso desde 1887”). Más que cazadores de gazapos, somos “reales visceralistas” insaciables, intempestivos (a veces viajantes de comercio), con una sobredosis (personal) de Spinoza, Gómez-Jattin y Borges.

Lectores, en su mayoría mujeres, como Gabriela Amar, las hermanas Lacouture (Amparo, Remedios, Socorro, Caridad, Auxilio…), Griseida de Caro, Mireya Martínez, Diotima Castell, María Villarreal, Antonia Herrera, Alfonsina de Caro, Rosa de Figueroa, Paloma Alberti, Susana de Bejarano, y hombres como Javier “Pepe” Osuna, Diego Bonilla, Alberto Ruiz-Tagle, Mario Santiago, Pedro Manrique Figueroa, Ambrosio Pisco o José Fernández, han escrito cartas tituladas: “¿Quién dijo intelectuales?”, “Balas perdidas”, “Sobre Hölderlin”, “Si se leyera a Platón”, “Los poetas futuros”, “Un volcán llamado Raúl Gómez-Jattin”, “El presidente Zaldúa”, “Bacterias indias”, “American way of (baby) life”, “Manifiesto por la lectura”.

Sé de amigos que han escrito más de una carta: Pedro Escudríñez, Carlos Cazagemas, Paul Von Leopold y Aquiles Cuervo.  Ellos y yo hemos sido (sólo) un Espectador más.

Alberto Bejarano.  Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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