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Los próceres de mi pueblo

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Hoy podríamos hablar de cualquier vaina: del campeonato de fútbol, de los chismes de la vecina o de cómo el cemento compacto es lo “verdaderamente importante” de nuestra sociedad. Pero no. Hoy toca hablar de los próceres de mi pueblo, esos que cada cuatro años hacen el milagro: los mudos hablan (promesas), los ciegos ven (los votos que pueden comprar) y los santos bajan del altar para untarse de pueblo.

Este domingo 8 de marzo fue un día ingrato para nuestras mujeres. Mientras ellas luchan, la codicia de los candidatos enluta su fecha sagrada con un afán feroz de poder. Pero bueno, como dijo Juancho: “a lo que vinimos”. Como dice el ilustre del pueblo, “se abren las cajetas” y arrancó la rebatiña por llegar a la Sagrada Familia del Presupuesto; ese Congreso donde todos son parientes mientras haya un “yo te llamo, no me llames” de por medio.

Hoy vemos el Éxodo de estos ilustres hacia la capital. Ya untados de pueblo y con la demagogia disparada, arman un show parecido a las fiestas de la Virgen del Carmen: mucha pólvora, luces y ruido, para que al final todo se pierda como se pierden los recursos en una E.S.E. local… esa historia de nunca acabar.

El libreto no cambia. Se inflan el pecho diciendo: “Yo siempre votaré por la línea de San Gustavo”, usando al santo de turno para tapar sus pecadillos de antes. Pero hay que decirles la verdad: el Congreso es el contrapeso. Es ahí donde se frena o se pasa lo que la “divinidad ejecutiva” cree que es bueno para el pueblo. Pero los feligreses de nuestros próceres no entienden. Nos venden como salvador al hermano de la ilustre autora de la “Ley Cero Cacho”, cuyo único milagro en cuatro años fue convencernos de que los cuernos son más urgentes que el hambre.

Y aquí viene la gran paradoja que ni un libretista se inventa. Tenemos a los otros próceres, esos que posan de elegantes y juran estar lejos del Gobierno Nacional, pero su alianza más cercana es con la tradición del “mosquito” que lleva cuatro años succionando la nación. Unos dicen defender al santo de turno, pero se abrazan con el hermano de la que más le da palo al Gobierno. Y los otros, los que dicen ser “antigobierno”, por debajo firman pactos con los parientes del poder para succionar lo que queda de vida en este país.

Difícil el enredo, hasta cualquier letrado se perdería. Sigo pensando que es un juego donde los jodidos siempre seremos los de a pie; ellos volverán a sus estatuas de yeso donde por más que reces te tocará esperar par de meses para que se dé la “obrita”. Venden un “cambio” que se contradice con cada paso que dan.

Votamos, sí. Pero ojalá el milagro sea nuestro y veamos más allá del detalle, antes de que el lunes estos “próceres” se vuelvan a convertir en fantasmas de oficina. Y que todo sea solo un fugaz recuerdo, mientras nos “alentamos” de otra visita de ellos y no la de el flaco de los recibos.

Moisés David Pizarro Benítez, Ovejas, Sucre.

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