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El pasado 14 de diciembre de 2014, El Espectador publicó la nota titulada “Comarca, el bien maldito”, en la cual se hacía alusión a que esa finca tenía una serie de circunstancias sórdidas que rodeaban su tradición y que generaban noticia por tratarse de hechos que vinculaban a un exsenador de la República, es el pastor Jorge Enrique Gómez Montealegre.
En la parte final se menciona el nombre del suscrito para aludir que soy el actual propietario del predio, en los siguientes términos: “Por su parte, el pastor Gómez, quien vendió en 2011 el predio la Comarca a pesar de que lo tenía en su poder de manera provisional —el nuevo dueño es Jorge Uriel Patiño—, está denunciado por la defensa de Guevara Rico por falsa denuncia y falso testimonio. Cabe recordar que en su contra también hay otras investigaciones por lavado de activos y supuestos nexos con el clan de los hermanos Álvarez Myendorff”. El uso de los guiones generó múltiples equivocaciones en la lectura del artículo por lo que algunos conocidos me indagaron por qué hablaba El Espectador de denuncias e investigaciones en mi contra y nexos censurables. Me vi afectado en el ejercicio de mi actividad como comerciante, al punto que la buena voluntad mercantil de otros comerciantes se vio limitada conmigo; a la espera de una aclaración respecto a esta situación. El periodista redactor de la nota tuvo la gentileza de hacerme llegar una nota privada aclaratoria para dejar en claro que yo, Jorge Uriel Patiño, solo soy propietario de un porcentaje del predio la Comarca y que en ese sentido me menciona el artículo de prensa. Es importante que la opinión publica sepa que el dueño de la finca la Comarca es el señor Miguel Salvador Quiceno Quiceno y, en un porcentaje, insisto, el suscriptor de esta carta. Que somos compradores de total e indiscutible buena fe, completamente desconocedores de la situación que involucraba la adquisición del pastor Gómez, y no somos responsables en caso que existieran pleitos o asuntos pendientes, dado que de ello no daban cuenta los certificados de libertad y tradición, auscultados por nosotros antes de celebrar el negocio jurídico de compraventa. Jorge Uriel Patiño. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com