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Los disturbios de la semana pasada, originados por bandadas de jóvenes de barrios populares, quienes inexplicablemente atacaron los “supuestos” supermercados de las Farc, en los que según la Fiscalía este grupo lavaba dinero, no se pueden explicar sino como producto de la manipulación frente al momento electoral que ocupa al país.
Resulta verdaderamente preocupante que el pensamiento de nuestros políticos no avance conforme a los tiempos y, por el contrario, se perpetúe en prácticas añejas de manipulación, provocadas con el fin de crear “motivos” en la gran masa, de por sí ya descontenta. Lo realmente alarmante no tiene que ver con estas alteraciones al orden, que no son sino el síntoma de un tumor putrefacto, sino con lo que subyace en el pensamiento de quienes provocan a través de terceros, sin ensuciarse las manos, este tipo de ataques que afectan a los mismos desfavorecidos de una sociedad totalmente desigual.
Si la estrategia de perturbación proviene de la extrema derecha, tal vez con el fin de sabotear la candidatura de la FARC, como muchos podrían argumentar, nos remite al mismo vicio asqueroso que por décadas, y a la usanza de las luchas partidistas entre liberales y conservadores, maniobraba oscuramente con muy claros propósitos electorales. Pero si estas situaciones de vandalismo son promovidas por la izquierda, de manera oportunista, significaría el retroceso fatal de quienes en algún momento criticaban a muerte las mismas prácticas. ¿Significaría que estamos condenados al mal obrar, alegando fines nobles? ¿No se está creando así un monstruo que puede salirse de control?
Por años hemos visto crecer alrededor de las grandes capitales los denominados “cinturones de pobreza”, que se alimentan de las migajas que recogen de la urbe desarrollada y liberal sin que el Estado tome conciencia de la bomba de tiempo que ahí se siembra. Nadie puede negar que la inversión social no le llega ni a los tobillos a la cruda realidad que enfrentan miles de personas a diario. Pero también hay que decir que el hambre, la miseria, la enfermedad y la frustración son elementos útiles a la politiquería. Por supuesto, existen motivos justificados para el descontento, pero es pervertido el manoseo para quienes, encima de todo, también son manipulados, utilizados por aquellos que abogan por defender sus derechos.
No existe así ningún avance, se equivocan rotundamente quienes se atreven a llamar a esto “progreso”. ¿Cómo podría avanzar un organismo dividido? Que no nos equivoquemos porque no pueden construirse bases firmes para el progreso sobre el engaño y la manipulación. Qué tipo de humanidad puede mover al que mira con altivez y soberbia, en la creencia de ser poseedor de la verdad absoluta pasando por encima de quien piensa distinto o utilizando al necesitado para alcanzar sus propios fines. Quijotismo barato, retroceso, arrogancia. Pecados que le pueden costar caro a un pueblo que está tratando de levantarse de un pasado violento.
Rosario Cruz.
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