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Lo antipático de la reunión de la Alianza del Pacífico Norte, a que se refiere su editorial de ayer, no es que ésta se lleve a cabo en Cartagena, bella ciudad inserta en el Caribe colombiano, y no en la costa Pacífica. El tratado se realiza entre Colombia como país, que no como región, y cualquier lugar del territorio patrio es válido para hacerlo.
Lo grosero, independientemente de las bondades que desde lo macro el acuerdo pudiera tener, es el trato que se la ha dado a un sector agrícola que, a través de su gremio, la SAC, ha venido poniendo de presente algunos planteamientos a su juicio nocivos para el sector, de lo cual, a decir del presidente gremial, el Gobierno ha hecho oídos sordos y ha dado un trato ofensivo por lo antipático y displicente.
No sólo no se han atendiendo las sugerencias de la SAC, sino que, dice su presidente, se ha negado la información solicitada sobre los textos, listados de desgravación y demás condiciones que rodean el denominado Protocolo, con el cual, agregan los supuestos afectados, se pretende burlar la ratificación y el estudio por parte del Congreso de la República.
Los debates no sólo están reservados para discutir temas de corte político o el de unas supuestas chuzadas, sino para los aspectos trascendentales de la vida y economía nacional, y de ello forma parte de manera significativa el sector agrícola. No haberlos tenido en cuenta, ignorándolos groseramente, crea suspicacias que empañan el tratado a firmarse por más bondades que tenga.
Ricardo Buitrago Consuegra. Bogotá.
Periodismo y libertad de prensa
Desde siempre se ha sostenido que la libertad de prensa, al igual que todos los derechos del hombre, evoluciona y se desarrolla.
En lo que respecta a Colombia, es una opinión muy difundida y cada vez mejor sustentada, que la libertad de prensa es más formal que real.
De hecho, la libertad de prensa en Colombia encuentra una limitación esencial en el dominio por parte de grupos financieros e industriales de los medios de información.
El precario panorama de la libertad de prensa en Colombia confirma la creciente falta de garantías para el libre ejercicio de la profesión de informar. El oficio del periodista se hace cada día más azaroso en un país que siempre se ha preciado de su respeto por ese elemental derecho.
Orlando Morales. Bogotá.