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No olvidar

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De acuerdo con el Tema del Día aparecido en El Espectador del 29 de marzo, me permito opinar:

De acuerdo con el Tema del Día aparecido en El Espectador del 29 de marzo, me permito opinar: No podemos meter en la “cesta del olvido” la cruel y nefasta práctica de los falsos positivos, que arreció de manera veloz y sanguinaria durante el gobierno de Àlvaro Uribe en sus dos periodos de ingrata y dolorosa recordación. Hoy se encuentra detenido y a órdenes de la justicia colombiana el general Henry William Torres Escalante, sobre quien recaen graves indicios de haber permitido ejecuciones (asesinatos a sangre fría) extrajudiciales, con el ya desgastado y trillado argumento de haber dado de baja a guerrilleros y peligrosos delincuentes, quienes en realidad eran personas del común o humildes campesinos colombianos. De igual manera, el hoy retirado general Mario Montoya viene siendo investigado desde años atrás por sus criminales costumbres; no solo por la Operación Orión (Medellín, año 2002) sino por el escalonamiento sin control de los eufemísticamente llamados falsos positivos. Cabe anotar que nuestros personajes en mención vienen siendo señalados por algunos de sus subalternos y por una media docena de excomandantes paramilitares, quienes operaban mancomunadamente con el “glorioso Ejército de Colombia”.

Hace pocos días el expresidente Álvaro Uribe salió en defensa de la Operación Orión en cabeza del general Montoya, con el pobre argumento de que esta operación era necesaria, palabras estas que ya no causan polémica alguna, pero sí rabia y desconcierto, emanadas de una política insensata e incoherente con quienes llenaron el país de “ríos de sangre” de inocentes. Hoy, estos verdugos y ejecutores se ufanan de haber contribuido a la “Seguridad Democrática” y que a la postre fueron premiados con dinero, embajadas y medallas en sus charreteras, que enseñan al mundo con gran valentía y orgullo.

Virgilio Duque Salazar.

¿Cambiar de estrategia?

La noticia de que los católicos están creciendo a mayor ritmo que la población mundial, es desconcertante. Cuando la mayoría de los medios de comunicación y otras poderosas fuerzas del planeta han mantenido en las últimas décadas una constante campaña contra la Iglesia Católica, el papa y los sacerdotes, no parecería lógico ese llamativo crecimiento. ¿Será que tendrían que cambiar las estrategias?

Alfredo Velásquez.

R. del D.: Al menos en El Espectador, ni la información ni la opinión las consideramos una estrategia, ni mucho menos las definimos con base en su popularidad.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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