¿Para dónde va Donald Trump?

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Antes de dar su discurso sobre el Estado de la Unión, Donald Trump anunció que hablaría sobre la Reforma Tributaria e inmigración. Lo primero es un tema de su predilección desde que la nueva ley tributaria fue aprobada el pasado 22 de diciembre con votos exclusivamente republicanos, con una reducción masiva de la tasa de impuestos para la escala de ingresos más alto de 35% a 21%, a partir de entonces el mandatario estadounidense no cesa de ufanarse da haber conseguido la mayor rebaja de impuestos en toda la historia de los Estados Unidos, aseveración que ha sido desmentida por comentaristas autorizados. Desde el vamos la Casa Blanca dio a conocer que la ley fiscal de Trump permitió distribuir bonos de hasta US$ 1.000,00 entre asalariados de bajos niveles de ingreso. Una tasa de desempleo de 4,2 %, la más baja de las últimas cuatro décadas y un mercado de valores en vertiginoso crecimiento, al cumplirse el primer año de su mandato, son indicativos de un desempeño económico satisfactorio a corto plazo. Aunque la disminución drástica de los recaudos como resultado de la importante reducción de tasa impositiva a los más ricos hace prever un aumento desmesurado del déficit fiscal y efectos negativos severos sobre los programas de mantenimiento y ampliación de la infraestructura, atención y prevención de desastres, protección al medio ambiente y bienestar social en el mediano plazo.

De la reforma migratoria que plantea, Trump dice que garantizará la permanencia en el país de cerca 1,8 millones de “soñadores”, jóvenes que ingresaron en los Estados Unidos como niños y hoy están a las puertas de la deportación, condicionando las concesiones al DACA, sigla en inglés de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia ( Deferred Action for Childhood Arrivals), a la aprobación del presupuesto para construir el muro a lo largo de la frontera con México, uno de los puntos clave de su plataforma electoral, por el que se perfiló como un candidato nacionalista preocupado por la situación de millones de trabajadores parados o que enfrentan una competencia desleal por parte de los inmigrantes indocumentados que presiona los salarios a la baja. Aunque críticos de la tesis que atribuye un impacto negativo sobre el mercado laboral y el sistema de seguridad social al flujo desmesurado de inmigrantes indocumentados , observan que las cifras estadísticas oficiales no reflejan ninguna tendencia al deterioro de los salarios ni al descalabro de la red de seguridad social, debido a una mayor afluencia de inmigrantes que cruzan la frontera. De acuerdo a los organismos estatales de estadística, el paso de inmigrantes a través de la frontera del Río Grande se ha reducido a mínimos históricos en lo que va de la administración Trump. El mismo Trump y sus asesores han desistido de recurrir a estos argumentos para sustentar la necesidad de levantar el muro fronterizo, rindiéndose a la tozudez de los números. Aducen ahora más que todo razones de profilaxis social, alineándose básicamente con los plateamientos que hizo Trump desde el lanzamiento formal de su campaña el 16 de junio de 2015, cuando descendió las escaleras eléctricas de la torre Trump de Nueva York, señalando a los mexicanos como hombres malos, traficantes de drogas, violadores y asesinos, también habrá entre ellos algunos que son buenos, supongo, pero no mandan aquí gente como tú o como yo, solo mandan lo peor, decía. “Aquí no se habla español, necesitamos gente que contribuya a nuestra economía, que se adapte a nuestro sistema de vida y comparta nuestras creencias”, afirmó Trump hace unas pocas semanas en un foro bipartidista para discutir sobre política migratoria y pronunció la ominosa frase: “No necesitamos que vengan aquí inmigrantes procedentes de ‘países cagaderos’”, refiriéndose a Guatemala, El Salvador y Haití y otras partes de Africa.

En el esfuerzo por cumplir su promesa de campaña de construir el muro a lo largo de la frontera con México, Trump advierte que si el presupuesto que actualmente se debate en el Congreso que incluye fondos para la financiación de la costosa obra se hunde, los demócratas serían culpables del aumento de la criminalidad en los Estados Unidos, ecualizando sin tapujos a los latinos y la gente de color con el crimen.

Trump y sus seguidores parecen empeñados en evitar que los Estados Unidos deje de ser un país de mayoría blanca, intentando revertir el sentido del movimiento histórico, que como es sabido de todos no da marcha atrás.

Hernando Pareja Lamboglia.

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