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Hace unos años, hubiera escrito en mi columna, “Para leer en la mañana”, varias notas sobre lo que hace días me está preocupando. Espero que El Espectador acepte que les mande este mensaje a los que causan mis desvelos.
Aprecio a Rafael Pardo y a Enrique Peñalosa, porque conocí a sus familias y he seguido su labor a través de los años; además, son personas que admiro desde siempre, como la mayoría de los colombianos, porque el uno demostró su capacidad en un Ministerio tan difícil como el de Trabajo y el otro transformó a Bogotá, hasta hacernos sentir orgullosos de ella. Ambos han dicho que harán un esfuerzo más porque la capital de la República lo merece y porque sienten un gran compromiso con ella. Por eso me atrevo a hacerles un cordial llamado. Si es cierto que quieren tanto a la ciudad donde nacieron, por qué no conversan, ahora que están tan de moda los diálogos, por qué no hacen un pacto secreto, o a voces, comprometiéndose con la ciudad y escogiendo el “ahora yo y mañana tú”, se unen por la ciudad que tanto dicen querer y nos alivian la preocupación que nos quita el sueño, a la gran mayoría de ciudadanos que lamentan el estado de su capital y no creen poder resistir un gobierno más de ese partido que, lo más grave que lo ha caracterizado, no es la falta de seguridad, el estado de sus vías o la situación del tránsito de la capital, sino el haber creado el odio de clases que nos angustia a todas las gentes de bien. Me atrevo a escribirles y pedirles esa unión , porque sé que es lo que más desean los bogotanos y las gentes que viven en esta ciudad: los caleños, costeños, llaneros, extranjeros, ciudadanos de toda partes. No olviden que de la tranquilidad de la capital también depende, en buena parte, el bienestar de Colombia. Ana María Busquets de Cano. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com