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Una movilización de población que reclama derechos es digna de ser cubierta por los medios de comunicación.
Y así se hace, por lo menos, casi siempre. Sin embargo, la marcha del orgullo LGBTI celebrada en Bogotá (y otras ciudades del país y el mundo) el 25 de junio no fue registrada por este diario ni por muchos otros medios noticiosos. No sorprende en aquellos casados con el poder conservador, pero sí que lo haga El Espectador, prensa que con más regularidad y seriedad publica artículos sobre el tema.
La marcha reciente ha sido la más grande de todas las realizadas del orgullo gay en Bogotá, comparable en cantidad de participantes con las marchas contra las Farc y contra la violencia paramilitar. Hace unos años la marcha no pasaba de ser algo tímido, reflejo del estigma social imperante. Hoy vemos diversidad y multitud de marchantes sin temores.
Sin embargo, la gran cantidad de público no quiere decir que los derechos de la población LGBTI están presentes; al contrario, se marcha porque tales derechos están ausentes y dan vía libre para negar, para agredir y ejercer violencias. Por ello, a pesar del carnaval que se vivió, en el trasfondo la marcha evidencia los vacíos de la legislación del país.
Común era ver en fotos de los diarios que registraban la marcha, la imagen del transgenerista por ser aquella persona más “visible”, más “llamativa” para la nota. También, aunque en menor proporción, se registran parejas lesbianas o gays besándose. Estas imágenes, si bien reflejan una realidad, se tornan a veces en cliché y, al hacerlo, se invisibiliza la realidad social y política de la población LGBTI.
Sin censurar los anteriores ejemplos de imágenes, vale la pena resaltar que poco o nunca se registra o se habla en prensa de la presencia de grupos de padres, madres y familiares que apoyan a sus hijos LGBTI, y que son apoyo y ejemplo para otras familias. Tampoco se registra a las ONG que adelantan una dura labor. Menos aún, se visibiliza a las organizaciones religiosas católicas que no estigmatizan ni excomulgan a esta población. La correspondiente difusión evidenciaría ante la sociedad, el gobierno y las instituciones, con mucha más contundencia, la acción social que se genera desde estos grupos.
El tema de los derechos de la población LGBTI merece siempre una difusión oportuna y clara, no oportunista y de relleno, como suelen hacerlo diversos medios. La marcha LGBTI se diferencia de otras en que lo íntimo y lo privado se expone en lo público, y aquí radica su importancia y también la necesidad de abordar el tema con cuidado.
Eberto Elías Guevara. Bogotá.
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