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Preservar la tutela

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En Colombia, país relegado e incivilizado, se legisla sin prever las consecuencias. Las leyes son mal utilizadas y las decisiones de los funcionarios, generalmente arbitrarias o subjetivas.

La tutela procede cuando un derecho constitucional fundamental resulte vulnerado o amenazado por una autoridad pública o por particulares que presten servicios públicos o afecten el interés colectivo. Aun cuando las autoridades, todas las autoridades, deben garantizar los derechos fundamentales de las personas, lo cierto es que este deber se incumple a granel.

Que entutelen, dicen con frecuencia. Las 40.000 tutelas al mes demuestran que en Colombia no se protegen los derechos de las personas y las decisiones contradictorias e infundadas de varios jueces demuestran que no hay cultura jurídica para defender los derechos. Entonces, lo que debe reformarse no es la institución de la tutela, sino la cultura o la acción de las personas y de los jueces. La unidad de jurisprudencia y el sometimiento del juez al imperio del derecho son un imperativo para la sana convivencia. En un país medianamente decente y garantista, la tutela debe ser excepcional.

Carlos Fradique-Méndez.
Bogotá.

Cultura ciudadana

Si no hay cultura ciudadana, de manera articulada, como eje transversal para la convivencia y la seguridad ciudadanas, difícilmente las autoridades podrán solucionar la problemática, porque a través de ésta y con los métodos y la pedagogía adecuados, se deben impactar los modelos mentales para un cambio cultural, donde el respeto, el civismo, la ética y el principio de legalidad se impongan por sobre cualquier estereotipo que equivocadamente se haya apropiado de algunos espacios sociales.

Con la cultura ciudadana, en materia de seguridad, se pueden implementar protocolos que la comunidad debe introyectar, para que aplique en la vida real y, así entre todos, formar un frente contra la delincuencia. En convivencia ciudadana, la cultura es un elemento estructural que debe impactar los modelos de comportamiento que trasgredan las normas y la ley, para generar apropiaciones colectivas en ética, urbanidad y civismo que coadyuven en el mejoramiento de la convivencia ciudadana, para que los actos de vandalismo, delictivos, de incultura y de indisciplina social sean eliminados de la conducta humana, como garantía de tranquilidad, convivencia y seguridad ciudadanas.

Édgar Bejarano. Bogotá.

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