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En tiempos de coronavirus hemos escuchado todo tipo de declaraciones políticas, religiosas y maliciosas. En los últimos días, dentro de las alocuciones presidenciales, Duque hizo un llamado al sector financiero de “solidaridad”, recordando que hace 20 años Colombia se esforzó por su salvación. Más allá de sonar como una vieja deuda que saldar o de ser una invitación de ayuda a un Estado en tiempos de crisis internacional, muchos se preguntaron o trataron de recordar, ¿qué pasó hace 20 años?
Para el inicio del nuevo siglo y finales de los 90, muchos colombianos recordaremos aquellos tiempos de Padres e hijos o Yo soy Betty la fea (aunque incluso ahora la tengamos en Netflix), y para finalizar el año 2000 vimos nacer la “promesa del Transmilenio”. Pero no todos pueden ser buenos recuerdos, aparte de momentos dramáticos que vivió la nación como la “silla vacía”, también atravesamos un período de crisis financiera denominada “la casa en el aire”.
Esta crisis con nombre de serie de Netflix (me recuerda a La casa de las flores), que estalló para 1998, sigue teniendo repercusiones hasta el día de hoy para el bolsillo de todos los colombianos y significó una transformación del sistema financiero nacional. Aunque los desencadenantes para dicha situación incluyen factores externos como la crisis asiática de ese momento, hay que destacar los factores internos como el deterioro del sector real y una crisis previa originada por la apertura económica de los principios de los 90, lo cual desencadenaría en caída del PIB y el consecuente aumento de la tasa de desempleo.
Dejando a un lado los aspectos técnicos y económicos de esta crisis, para el ciudadano de a pie significó incluso la pérdida de su vivienda dada la imposibilidad de pago ante la repentina subida de las tasas de interés de los créditos. En fin, todo este tsunami de situaciones llevó al Gobierno nacional a ir al rescate del naufragio del sistema financiero, tomando medidas sin precedentes para solventar la banca nacional. Entonces, al igual que ahora, también se declaró un estado de emergencia, en este caso económico, para crear mecanismos y herramientas que permitieran una mejora del sistema financiero.
Pero como el dinero del Estado sale de sus contribuyentes, es decir del pueblo, hubo la necesidad de crear una medida “transitoria”; el impuesto sobre las transacciones financieras, el famoso “2 x 1000”. Lamentablemente, un terremoto azotó la zona cafetera del país, una cosa llevó a la otra y por el momento ya vamos en el “4×1000”. En conclusión y volviendo a la actualidad, también dejando a un lado el llamado de “solidaridad” (sin dejar de ser importante), todos los colombianos debemos estar pendientes de las medidas y leyes que se adopten en este estado de emergencia, que puedan ser “transitorios”, porque tal vez lleguen para quedarse. Recuerden, que el COVID-19 no se convierta en una cortina de humo, sino una oportunidad para aprender y crecer como sociedad.
Ángela Del Pilar Leal Tabares.
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