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Reflexiones

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Por estos días estamos viviendo en Colombia una emotividad a flor de piel, y tenemos muchos sentimientos encontrados, que son fácilmente manipulables, por los políticos y los medios de comunicación.

Ayer, 6 de diciembre, fue el día de la marcha nacional, que por un lado se hace en honor de los asesinados miembros de la fuerza pública que llevaban más de una década sufriendo los vejámenes de que fueron objeto en la selva, y por otro para exigir la libertad inmediata de todos los secuestrados y en especial de los militares y policías que aún continúan pudriéndose en el más atroz cautiverio, jamás igualado.

Es este el contexto en el cual se han levantados dos voces en el país, y por ello están en la picota: la de Piedad Córdoba y la de monseñor Darío Monsalve, arzobispo de Cali, quienes creen que el derecho humanitario y la Constitución Política de Colombia es aplicable a todos y cada uno de los miembros de la sociedad colombiana.

No obstante, y a pesar de los argumentos racionales que estas dos personas emiten, los medios de comunicación y los políticos descontextualizan sus ideas y manipulan sus opiniones, dando a entender que son enemigos de los secuestrados y que apoyan a las Farc, y este mensaje es el que llega al 99,999…% de los colombianos. Esto me recuerda a Imre Lakatos, que en la obra Metodología de los programas de investigación científica afirma: “Muchos filósofos han intentado solucionar el problema de la demarcación de lo científico en términos de: un enunciado constituye conocimiento si cree en él, con suficiente convicción, un número suficientemente elevado de personas que han sido convencidos creyentes de nociones absurdas”. Volviendo a nuestra idiosincrasia, el hecho de que la mayoría de los colombianos crean que es sano aplicar la pena de muerte, a discreción de unos pocos, no se constituye en un hecho legal, ni se ajusta a la Constitución. Por otro lado, también es bueno recordar que se critican los argumentos y los hechos, no a las personas, de ahí que critiquen lo que dice monseñor Monsalve y Piedad Córdoba, no a monseñor Monsalve y a Piedad Córdoba, y critiquen con argumentos racionales no con discursos “veintejulieros” y con descalificaciones que apoyan, de rodillas, los medios de comunicación.

María Barrera de Aragón. Ginebra, Valle.

El ascensor

No hay duda. Yo soy el tipo del ascensor del que hablaba El caminante el martes pasado. Muy temprano hoy, treinta años después, volví a quedarme dos veces en el mismo ascensor… Fue espeluznante repetir las escenas. Heráclito no tenía la razón en cuanto a ascensores. Ni yo mantuve la calma.

Cristo García Tapia. Sincelejo.

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