Reflexión más allá de la utilidad
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Puede llegar a sentirse desesperanzador cuando un individuo se siente atrapado en el limbo de los “ni ni” —aquellos que no estudian ni trabajan—, percibiéndose como ajenos al flujo productivo de la sociedad. Este sentimiento puede intensificarse ante el intento de ser útil y encontrar un lugar de pertenencia, solo para escuchar la constante respuesta desalentadora de “no nos llame, nosotros lo llamamos”.
Esto puede parecer una invitación silenciosa a la muerte social para aquellos marginados. Sin embargo, esta noción de valor respaldada por la utilidad es precisamente lo que Friedrich Nietzsche cuestionó.
Nietzsche, en Así habló Zaratustra, destacó la idea de que el valor de un ser no reside en su utilidad ni en el beneficio que puede proporcionar a otros. Más bien, se encuentra en la esencia del ser en sí mismo, similar a cómo un jaguar o un río poseen valor en su mera existencia. No en si el río es explotable y en el cuánto nos puede representar como ingreso por turismo, abastecimiento de agua o generación de energía. O si el jaguar nos proporciona pieles o alimento o si una planta nos beneficia o no. Esta noción contrarresta directamente la idea que pretende relegar a los “ni ni” al ostracismo social o al jaguar a la extinción por sus aparentes “fallas” para cumplir con los estándares utilitarios.
Nietzsche escribió: “Tú tienes tu camino. Yo tengo mi camino. En lo que respecta a la forma correcta y única de vivir, no existe”. Argumenta que el mero acto de ser es suficiente. La existencia, su propia construcción de moral, ética y personalidad a través de su vivir es lo valioso, independientemente de lo útil que uno pueda ser. La pertenencia y la utilidad no son la suma total de la vida o la definición final de nuestro valor.
Santiago Palacio @santiagopcol
A propósito de un editorial
Nací aquí en Colombia y, a la edad de 28 años, migré a Venezuela. Estuve indocumentado durante casi dos años; luego me otorgaron una visa por un año, la cual se convirtió en una de residente hasta obtener la nacionalidad venezolana. Tengo dos hijos nacidos en Caracas y viví allá durante casi 27 años. En resumen, fui tratado bien. Ahora no entiendo por qué el Gobierno no regula esta situación a través de una visa, como lo hicieron con nosotros. También nos dieron una cédula por un año junto con la visa, lo que nos permitía transitar libremente hacia donde quisiéramos. Mi percepción es que a Petro le interesa más su amistad con Maduro que el bienestar de los colombianos y la libertad de los venezolanos. Son dos pueblos hermanos.
Eladio José Martelo