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Reforma a la justicia

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Es inconcebible que el presidente de la Cámara de Representantes, señor Simón Gaviria, salga a decir tantas babosadas juntas, que lo que demuestran es su incompetencia, su mediocridad e irresponsabilidad para con sus electores y para con el país.

¿Cómo este señor pudo llegar a ser miembro del Congreso y de remate presidente de la Cámara? Qué vergüenza sentimos todos los colombianos y qué horror y desilusión deben estar sintiendo los ciudadanos que votaron por él. Si algún resquicio de dignidad y responsabilidad le queda a este señor, debería ya renunciar a su curul.

Tanto de él como de los congresistas miembros de la Comisión de Conciliación y del presidente del Senado, los colombianos esperamos su renuncia o vamos a tener que pensar en un referendo para revocar el mandato de ellos y de tantos otros miembros del Congreso que votaron a favor del acto legislativo de reforma a la justicia, llena ésta de prebendas e impunidad para ellos mismos. O lo mejor tal vez sea revocar el mandato a todo el Congreso y no permitir que se vuelvan a presentar a nuevas elecciones.

¿Será que el pueblo puede revocar el nombramiento de los miembros de la altas cortes que tan descaradamente se han prestado para tanta corrupción y creación de prebendas en su propio beneficio? Esta ley que nos ha indignado a la mayoría de los colombianos debe ser derogada en su totalidad; lo que espera el pueblo colombiano es verdadera justicia para los ciudadanos de a pie y no fortalecimiento de la impunidad mediante las prebendas y blindajes para los miembros del Congreso, de las altas cortes, de la clase política en general y de los delincuentes de cuello blanco que terminan pagando penas irrisorias por sus fechorías.

José Sánchez. Bogotá.

Ciencia

Quiero manifestar que me extraña mucho que en este país en vía de desarrollo no existan revistas de divulgación científica serias, para que los jóvenes investigadores hagan conocer sus ideas.

Sobreabundan las “revistas rosas”, que sólo cultivan el narcisismo, la vanidad y el chisme en nuestra sociedad.

¿Merece una sociedad como la colombiana estar condenada a ser de bobos y para bobos?

¿Tendremos una oportunidad de enderezar y tomar el rumbo correcto o viviremos mil años de soledad mirándonos el ombligo?

Hago este llamado para que la ciencia tenga por fin el valor que por sentido común ha tenido en otros países y en otras economías, que se han desarrollado a través del impulso científico.

Fernando Velásquez. Bogotá. 

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