Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Quisiera compartir algunas notas sobre la columna “Las virtudes del matoneo”, de Julián López de Mesa: el matoneo ha captado la atención reciente de los medios, no por un cambio de terminología que “profesa la visión lastimera y sobreprotectora de la infancia”, sino por el aumento de casos.
¿Qué entiende el columnista como matoneo? Que es una práctica generalizada en la que algunos chicos se dan golpes. Para quienes trabajamos en el sector educación está tipificado como aquellos maltratos sistemáticos en donde la víctima es incapaz de defenderse.
Es tal la confusión del autor, que asegura “el Estado, los bancos, expresidentes y demás políticos, escoltas” matonean. Y no, obran equivocadamente.
Otro desconocimiento es sobre las políticas públicas. Que en años recientes se haya dado un aumento en los colegios que promueven que sus estudiantes sean medicados nada tiene que ver con los esfuerzos reales por disminuir los actos violentos. Por ese malentendido puede ser que él asegure que convierten a los jóvenes en “criaturas en exceso delicadas, frágiles”: una rápida investigación sobre las iniciativas del Estado y las diferentes entidades territoriales le demostraría su equivocación.
López de Mesa dice que “nos preocupamos por el tal bullying en los colegios, pero no por las diferentes formas de matoneo y de proceder mafioso que dicta buena parte de las dinámicas del mundo de los adultos”, lo que es otra afirmación sin soporte.
Esta serie de “problemas” en la columna logra confundir el debate y, sobre todo, hacer perder de vista que estamos afrontando una serie de casos muy graves, en los que estudiantes cada vez más jóvenes se han visto envueltos en asesinatos y suicidios.
Si en algo tiene razón es en que los colegios deben preparar a los estudiantes, pero sólo hasta ahí. La escuela no es un lugar que deba tolerar el matoneo escolar y, por el contrario, debe ser un espacio que permita y promueva una convivencia sana. Si lo anterior fuese verdad, probablemente no tendríamos que encontrarnos con opiniones apologéticas a diferentes formas de violencia, como ésta.
El carácter de algunas personas se ha forjado a golpes y miedo, pero sé que muchos de nosotros queremos que el de nuestros hermanos, hijos, amigos y conciudadanos se forme con diálogo, empatía y asertividad para poder afrontar los retos que trae consigo la vida y, sobre todo, promoviendo un respeto y una valoración por la vida de los otros con el que no contamos hoy.
Juan Camilo Aljuri. Bogotá.