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Sanar el corazón

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De la riqueza del corazón habla la boca. Este refrán cabe en el debate sobre el llamado “desescalamiento del lenguaje”. Resulta imposible sanar heridas bucales mientras el corazón se encuentra infartado.

Razón por la cual, sin invalidar la urgencia de la templanza oral, a los colombianos nos conviene que antes recuperemos la salud cordial. Afectado de un odio fraterno sin límites, el infarto proviene de un antiguo odio bipartidista (bendecido por el amor cristiano) que nos llevó a guerras civiles desde el mediano siglo XIX y que todavía nos hace derramar sangre. Su versión moderna consiste en que la insurgente guerrillera no es siquiera reconocida como guerrera fratricida. Como tampoco les reconocemos a los insurgentes la ciudadanía colombiana, es imposible concebir que esos “tales por cuales” hagan política si entregan las armas y, además, obligatorio que se declaren vencidos en una guerra cuya contraparte, las fuerzas militares, no ha podido vencerlos. Los colombianos debemos llamar hermanos a los insurgentes con quienes poseemos común maternidad. No podemos seguir odiándolos como vulgares criminales ¡ignorando que las balas corrieron entre ambos lados! Comencemos por aquí.Bernardo Congote. Bogotá.  Feria de avalesEl gran negocio de la realpolitik, en estos terribles tiempos de neoliberalismo sinónimo de corrupción generalizada, sabe convertir sus tropiezos en mutaciones clientelistas que benefician sus intereses personales y de grupo. Los ciudadanos son las víctimas de las ignominias politiqueras, colmados de miserias y abusos, mientras los poderosos abundan en comodidades y privilegios. En esta ocasión se han inventado los inmorales avales en reemplazo de la elección política por consulta popular, firmas o convenciones de militantes. Aunque se modifique el régimen legal de los partidos para evitar la doble militancia, el transfuguismo, etc., los ilegales siguen pagando por el voto y constriñendo a la población, en el caso de las bacrim, antes denominado paramilitarismo, y los potentados dando avales a granel sin importar la trayectoria política de los respaldados. Los famosos avales girados por la mayoría de los partidos políticos arrasan con la democracia y terminan con la ética. Se actualiza cada vez más el famoso tango, cambalache, “cualquiera es un señor”. Ciudadano, a votar por los programas decentes y progresistas que beneficien al país, para sepultar la ingrata feria de avales y los corruptos.Omar León Muriel Arango. Bogotá. 
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