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Como bogotano de nacimiento y contribuyente no puedo dejar de expresar mi extrañeza por las declaraciones del gobierno distrital sobre el manejo que se le piensa dar a la séptima, la más emblemática calle de la capital y posiblemente de Colombia, por haber sido escenario de miles de actos que han construido la historia de este país.
Después de haber sido testigo del tortuoso camino de más de cinco años para la construcción y embellecimiento (¿?) de las seguramente más costosas 16 cuadras del mundo, la pomposa entrega se centra en la solución a no más de 100 vendedores ambulantes, que aparecieron súbitamente hace poco tiempo cuando se levantaron las hermosas cortinas de plástico verde que adornaron la séptima por tanto tiempo, para quienes se establecerá la innovadora idea del pico y placa para perpetuar la privatización del espacio público.
La nueva alcaldesa está en mora de aprovechar una oportunidad única para convertir esta corredor peatonalizado en un eje cultural y pedagógico que empodere a todos los habitantes de la ciudad a recorrerlo en familia, con comportamientos cívicos ya desaparecidos como el aseo, el respeto por espacio del otro, la solidaridad, el cuidado de la cosa pública, una ciclovía que no sea una pista de ciclismo, una ausencia total de patinetas y ciclas eléctricas. En fin, hacer de un recorrido de algo más de 1,5 kilómetros un placer como el que gozan las grandes capitales y ciudades del mundo.
Sería un renacer del centro de la ciudad, bastante trajinado en las últimas décadas, pero lleno de población, centros universitarios y un comercio que ha soportado las pérdidas de las adecuaciones y los constantes desmanes de las manifestaciones, pero que en el corto y mediano plazo puede sentirse incentivado a mejorar sus establecimientos formalizados (que generan empleo y carga impositiva) para ofrecer alternativas a unos caminantes alegres y desestresados que, ayudados por los soleados días y frescas noches bogotanas, encontrarían en la séptima un corredor único de esparcimiento y sosiego. Todo esto debería estar acompañado con una labor policial preventiva y de seguridad ciudadana (pendientes de mantener el orden y la cultura y no de estar chateando).
¿Será soñar demasiado?
Édgar Fernando Serrano P. Bogotá.
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