Sobre Cataluña y un editorial

Cataluña y su derecho a la secesión

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La diferencia entre secesión e independencia es simple: en la primera se presuponen dos Estados mientras que en la segunda se presupone un solo Estado que quiere separarse en dos. Nunca entendí por qué los catalanes independentistas se hacen llamar así cuando son secesionistas. Desde luego, me extraña porque ellos mismos son los que se niegan su estatus de Estado autodenominándose así.

Por tanto, ¿Cataluña es un Estado? Ciertamente, no. Cataluña tiene muchos Estados. Tantos como la realidad geográfica, histórica y cultural dictamine. El Estado es móvil y no lo delimita el dibujo de ciertas barreras geográficas en determinados momentos históricos. Habrá tantos Estados como quieran los pertenecientes a esos Estados.

Si yo vivo en un pueblo con mar y veinte grados todo el año tendremos unas costumbres diferentes a las que tenga un pueblo a cien kilómetros con diez grados y sin playa. Y eso seguramente nos haga querer pertenecer a organizaciones sociales bien diferenciadas, porque existen diferencias sustanciales y plausibles. Otra cosa será que la tecnología y la razón nos hagan darnos cuenta de las similitudes que tenemos más allá de las diferencias. A esto se le llama globalismo.

Pero el globalismo es una corriente de pensamiento, no una obligación legal; por tanto, de esta reflexión se extrae la idea principal de esta carta: Cataluña es un Estado que, parece, quiere separarse de otro. ¿Por qué no puede? Sin duda, para un globalista es algo difícil de entender.

Luis Granda Ayuso

Sobre un editorial

Es bienvenido y requerido el editorial del 3 de abril, que denuncia la explotación de menores en Medellín. Infortunadamente, estos abusos no solo se limitan a ciudadanos extranjeros en Colombia, pues hay al menos 40 curas de la Iglesia católica denunciados por abusos sexuales a menores, solo en Medellín. La Iglesia católica ha encubierto sistemáticamente más de 300.000 de casos de abuso sexual desde 1950 en Francia y España. Esta conspiración criminal no ha sido diferente en Colombia. Las denuncias de abuso sexual en Medellín llevaron a la Corte Constitucional a requerir que la Iglesia católica haga públicos los archivos secretos de casos de abuso sexual en Colombia, mandato que no han cumplido en una burla a la justicia. Estos abusos sexuales y su encubrimiento criminal deben ser expuestos por la sociedad civil en lo que es una democracia, y deben ser investigados por la justicia. La creencia religiosa en Dios no puede ser una excusa para ignorar estos abusos y su criminalidad o engañar a la justicia.

Ángel Paternina Caicedo

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