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Se saben, se leen por todas partes los casos en los que los niños y los jóvenes son víctimas de la violencia, de los abusos, del esnobismo y de cuanta práctica se considere moda, así atente contra su integridad moral y física, el suicidio. Estos lamentables hechos dejan al descubierto la fractura en valores y deberes de la sociedad moderna. Nos quejamos las generaciones maduras de que ya no se enseña la ética ni la cívica, pero de ahí no se pasa, como siempre llegamos hasta la crítica, sin sentirnos responsables. Nos falta acción.
Estamos viendo cómo nuestros jóvenes hacen parte de la sociedad líquida, en donde la conciencia se acomoda al acontecer como lo hace un líquido dentro de un recipiente, perdiendo su identidad, ¿pero cuál si no se la hemos construido?, no hemos tenido tiempo para esa prioridad por estar en los afanes de la vida. El tiempo que pasa es la oportunidad perdida si no se aprovechó. Somos pasivos como constructores de sociedad e incapaces en la solución de los problemas, porque no hay liderazgo social. Debemos hacer conciencia colectiva sobre los problemas que laceran a la sociedad por su impacto negativo en la población que mañana regirá los destinos de este país y construir liderazgos capaces de identificar los desajustes y de buscar propuestas que maticen las soluciones pertinentes, basadas en el interés general y no en los personalismos.
Si no se construye liderazgo social que involucre la ética, la urbanidad, la innovación y la sensibilidad frente a los problemas, nuestros jóvenes no tendrán qué aprender y el derrumbamiento de los valores y los deberes seguirá corroyendo a nuestra sociedad. Entonces no nos preguntemos ese día ¿por qué está pasando todo esto?, cuando los responsables somos nosotros mismos.
Hagamos liderazgo colectivo y responsable, desligado de doctrinas e ideologías, que transforme esta sociedad de pasiva a activa en la defensa de los derechos, de la dignidad y de la persona misma. Debe nacer de la voluntad colectiva y no de componendas. Que cada quien se identifique con los valores y los deberes dados por su sociedad y no por la moda o su partido, que se comprometa en la vigilancia de la institucionalidad para que tenga la capacidad de exigir resultados que satisfagan las necesidades más sentidas bajo el rótulo del bien común.
Nuestros niños no pueden seguir siendo abusados y nuestros jóvenes seguir suicidándose, sin que no reaccionemos más allá del dolor, debemos actuar con liderazgo social para crear las condiciones adecuadas de desarrollo integral para nuestros niños y jóvenes.
Con un liderazgo social que vigile y actúen en tiempo real las condiciones de desarrollo cambiaran notablemente. Hay que traer la solidaridad social, esa que nos impele a sentir por los demás, que hace que el dolor nos llegue a todos para defendernos, no para lamentarnos cobardemente.
Édgar Guillermo Bejarano Chávez. El Triunfo.
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