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Gracias, vicepresidenta Márquez, por haber puesto sobre la mesa la relación entre la astrología, la astronomía, los saberes alternativos y el papel de la sabiduría ancestral de las mujeres que han dirigido su mirada al cielo a lo largo de la historia. En 2005 escribí para la revista Innovación y Ciencia un artículo publicado por la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, titulado “Mujeres que han brillado en el firmamento de la astronomía”. Hablaba de cómo la astronomía y la astrología fueron hasta hace pocos siglos una misma disciplina, como lo eran la alquimia y la química.
Ambas se interesan en la posición y el movimiento de los cuerpos celestes en el universo. Galileo, además de inventar el telescopio, hacía las cartas astrales de personajes importantes como se siguen haciendo hoy: basadas en la posición de los astros en el momento del nacimiento de una persona. Y no por eso fue casi llevado a la hoguera por la Inquisición, sino que lo fue por afirmar que la Tierra se movía alrededor del Sol y no al contrario, como se creía hasta entonces.
Siento mucho que la inquisición moderna, el racismo y la intolerancia estén destrozando a nuestra vicepresidenta en las redes por hablarles de astrología a unas niñas que han sido invitadas por la NASA. Es verdad que cuando se piensa en quienes estudian los astros no se piensa en mujeres. ¿O cuántas mujeres astrónomas conocen las personas que quieren llevar a la hoguera a la vicepresidenta? ¿Qué saben sobre la historia de la astronomía? El saber primigenio que las mujeres dejaron plasmado en cavernas y petroglifos, ha sido fundamental en el conocimiento de los ciclos lunares para calcular tiempos de gestación, la siembra y fertilidad de las cosechas, los ciclos de la naturaleza y del universo. El origen de muchas religiones, mitologías y prácticas científicas está en el misterio y asombro que nos produce la observación de los cielos aun sin conocerlo completamente, en encontrar el comienzo y el fin, y, dentro de eso, el insondable porvenir de la humanidad, es decir, la vida y la muerte dentro de nuestra enorme pequeñez en el cosmos. Gracias a la astrónoma Aganice o Aglaonike de Grecia, quien se interesó en el estudio de las constelaciones para buscar acontecimientos futuros y era capaz de predecir eclipses, a matemáticas como Hipatia, que nos dio las bases del astrolabio, y a muchas otras mujeres que han estudiado los cuerpos celestes, la humanidad ha recibido un legado de conocimientos de los astros.
Por eso, en esas sabidurías milenarias perdidas en la nebulosa de los tiempos vemos cómo las diosas de civilizaciones de la antigua Mesopotamia llevaban collares adornados con los mismos signos del zodiaco que aún usamos hoy y que nos gusta buscar en tiempo real en varias aplicaciones de astrología popular. Cada cultura ha observado el cielo a su manera. Los chinos han visto dragones, tigres y ratas, 12 animales, que se mueven cada 12 años. Desde las planicies de Norteamérica, los indígenas han visto constelaciones de águilas, venados y osos, que la astrofísica y artista de origen lakota Annette Lee nos ha mostrado bellamente.Permítanme felicitar a las jovencitas que se van de viaje a Estados Unidos. Me alegra mucho el honor que han recibido. Ojalá nuestra vicepresidenta pueda desearles buen viaje a las otras que espero vengan después, pues necesitamos más mujeres colombianas en las ciencias. Les pido a estas afortunadas que fueron invitadas por la NASA que busquen los saberes alternativos de las mujeres; que cuando levanten los ojos hacia los astros también pongan su mirada en la Tierra, en las sabidurías milenarias, en la etnoastronomía amazónica, en los conocimientos indígenas, populares y ancestrales, y que los honren y no los dejen perder. Como dijo Einstein en 1931, la cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso, lo que está por venir. Esa es la fuente de la verdadera ciencia.
Patricia Tovar
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