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Sobre el paro de maestros

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Es notoria, como en otros temas nacionales, la polarización en torno al tema del paro de maestros.

Carece de toda lógica plantear en los discursos gubernamentales el tema de la educación como una herramienta para la paz mientras en la vida real quienes hacen parte vital del engranaje de la educación son tratados como ciudadanos de tercera categoría. No es sólo el tema de los salarios, sino la deficiencia en la infraestructura, la pobreza de la concepción de lo que significa el bienestar de estudiantes y maestros, la brecha entre educación privada y pública, el alejamiento entre la educación y la vida. Este Gobierno, y los que lo antecedieron, no han sido capaces de pasar del discurso a la acción y se empeñan en medir en términos económicos lo que debe ser medido en términos de aprendizaje y bienestar. Al Gobierno le convendría bajar un poco los humos y reconocerse como un interlocutor de los maestros, no como su verdugo, y hacer algo que vaya más allá de bonitos lemas como “Colombia, la más educada”. Las palabras sólo son efectivas si están acompañadas de acciones que correspondan a su sentido. Mientras son sólo eso, palabras. Constanza Padilla Ramos. Bogotá.  Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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