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Sobre el telegrafista de Aracataca

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La crónica sobe el Telegrafista de Aracataca me recordó al telegrafista de mi pueblo, pero a la inversa; mientras el Viejo García ejecutaba un instrumento musical sin ningún título, el de mi pueblo, Polonuevo, atlántico, bailaba al son que le tocaran los godos de la localidad, que eran el 97%, porque ese antiguo lunar azul era comandado por los chulavitas y sólo se transcribían los mensajes que le convenían. El de mi pueblo sí tenía pensión por orden suprema de Laureano Gómez. Se la pasaba “mamando ron Blanco” de esquina en esquina; pero buena gente cuando le convenía y estaba borracho; les hablaba con cariño y con la intención de que los únicos gaitanistas que existían se cambiaran de bando como la hoja del caimito. De los viejos Humberto Vacca, Lucas y Miguel Ángel, el único que se fue con el Frente Nacional fue el Niño Lucas Martínez. Gracias por esa crónica bien narrada; hoy leeré la herencia genética de los García Márquez, cuyos oídos de tísicos no deberían enmarcarse en los olvidos pasajeros.

Jorge Eliécer Vacca Escobar. Santa Marta.

Sobre la canciller
Quiero manifestar el desconcierto y la tristeza de su declaración sobre la no aceptación del vicepresidente Angelino Garzón a la Embajada en Brasil. Y lo lamento primero porque no soy santista pero creo que es usted de las pocas funcionarias de este gobierno para mostrar por su gestión.
Y es que cree usted que un perro no es razón de fondo para no aceptar un cargo en una embajada, sin importar que sea Brasil, Alemania, Birmania o las islas Fiji.

Yo, al contrario suyo, creo que es una razón valiente y humana. Sí, humana porque aunque el humanismo se haya olvidado de los animales, la postura del vicepresidente pone de relieve una de los pensamientos que a la postre tendrán que triunfar: el trato digno a los animales.
No es su culpa, a los animales desde la escuela y desde la religión nos enseñaron a tratarlos como desiguales, como cosas (eso dice el código civil) que sólo sirven para sacarles provecho y vender, matar y comer. Reitero que no es su culpa, es la tradición que nos ha dejado ese pobre humanismo.
Sin embargo, con las mascotas sucede algo diferente. A lo mejor usted hace parte de las 15 mil o 30 mil familias que al año abandonan sus mascotas, pero si a un perro le dieran a elegir, no abandonaría a su dueño. No olvide que orgánicamente somos idénticos a ellos.

César Correa. Bogotá.

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